Entre pantallas, sobreinformación y nuevas presiones sociales, la juventud actual necesita más que nunca la mirada atenta de sus familias. El valor de marcar pautas claras, sin perder el diálogo.
Ser adolescente en el mundo contemporáneo representa un desafío dinámico y complejo. “Hiperconectados a través de las redes sociales, expuestos de forma permanente al escrutinio de sus pares y expuestos a un flujo incesante de información, los jóvenes de hoy transitan su búsqueda de identidad en un escenario atravesado por la inmediatez y la incertidumbre. Frente a esta realidad, el rol de las madres y los padres lejos de diluirse, se vuelve indispensable como faro y contención”, argumenta el psicólogo Alejandro Schujman.
Lejos del mito que sostiene que al crecer los hijos ya no nos necesitan, la adolescencia es una etapa de profunda reestructuración emocional y cerebral donde el acompañamiento adulto resulta determinante para su desarrollo saludable.
Los desafíos más frecuentes de la juventud actual
Según el profesional “para acompañar con empatía, es necesario comprender cuáles son las principales problemáticas que atraviesan los chicos y chicas en la actualidad. Algunas de ellas son:
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Ansiedad, sobreexposición y salud mental: El uso intensivo de pantallas y la constante comparación digital incrementan la sensación de soledad, la baja autoestima y los cuadros de ansiedad.
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La presión por pertenecer: El deseo de encajar en el grupo de pares suele llevarlos a asumir riesgos innecesarios o a silenciar sus propias convicciones.
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Riesgo de adicciones y consumos: El acceso temprano al alcohol, sustancias psicoactivas, el vapeo y el auge preocupante de las apuestas en línea representan amenazas reales que requieren prevención diaria.
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La búsqueda de autonomía: El deseo legítimo de independencia suele manifestarse a través de la confrontación o el distanciamiento de la dinámica familiar”.
El valor innegociable de los límites: la importancia del “no”
En un intento por evitar el conflicto o sostener un vínculo de amistad con los hijos, muchos adultos caen en la permisividad excesiva. Sin embargo, los especialistas en crianza coinciden en que “los límites no son un castigo, sino una demostración de cuidado y protección. Para un cerebro adolescente aún en formación, la ausencia de marco regulatorio no se traduce en libertad, sino en desamparo y desorientación.
Aprender a decir ‘no´ con firmeza y serenidad es ofrecerle al hijo un borde contundente contra el cual medirse y sentirse seguro. Poner un límite es decirle implícitamente: ‘Me importás, me preocupo por vos y te cuido de aquello que todavía no podés dimensionar'”.
Según el profesional “no se trata de prohibir por el simple ejercicio de la autoridad, sino de cuidar, educar y guiar. En este punto, la clave de la crianza respetuosa reside en la flexibilidad inteligente: ser firmes e intransigentes en aspectos estructurales que involucren la salud, la seguridad y el respeto (como los horarios de llegada, el consumo de sustancias o el uso razonable de la tecnología), pero estar dispuestos a negociar, escuchar y ceder en cuestiones secundarias que fomenten su autonomía e gustos personales”.
Consejos para ejercer una maternidad y paternidad presente
Acompañar la adolescencia requiere paciencia, presencia consciente y disponibilidad afectiva. Algunas claves prácticas para el día a día incluyen:
-Estar disponibles (presencia real): Generar espacios cotidianos sin pantallas —como las comidas o los trayectos en auto— para conversar de temas informales sin cuestionar ni juzgar.
-Practicar la escucha activa: Validar lo que sienten antes de dar consejos o retos. Sentirse escuchados y comprendidos abre las puertas de la confianza.
-Informar sobre las adicciones sin tabúes: Hablar de forma abierta y clara sobre los riesgos del alcohol, las drogas y las apuestas digitales, brindándoles herramientas para decir “no” ante la presión social.
-Coherencia y ejemplo: Los adolescentes registran los actos más que las palabras. Mantener un estilo de vida equilibrado y el respeto en el trato diario es la mejor enseñanza.
“Criar adolescentes no significa controlar cada uno de sus pasos, sino ofrecerles una base segura desde la cual puedan explorar el mundo, sabiendo que siempre habrá un abrazo maduro y firme esperándolos en casa”, concluyó el psicólogo.
El profesional estuvo en Cada Día, mirá la nota