Ante un Ataque Cerebrovascular Vascular, la rapidez en la atención médica determina la diferencia entre la recuperación y las secuelas irreversibles. Conocer la regla de tiempo que se tiene, y los hábitos de prevención salvavidas.
Un Ataque Cerebrovascular (ACV), también conocido como ictus o apoplejía, es una emergencia médica catastrófica que ocurre cuando se interrumpe o se reduce de forma abrupta el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro. Al no recibir el oxígeno y los nutrientes necesarios a través de la sangre, las células cerebrales comienzan a morir de manera acelerada en cuestión de minutos.
Según precisó el médico neurólogo Marcos Graña, “existen dos tipos principales de ACV: el hemorrágico (producido por la rotura de una arteria cerebral) y el isquémico, que representa aproximadamente el 85% de los casos. Este último se origina por la presencia de un coágulo o trombo que obstruye un vaso sanguíneo, impidiendo el paso de la irrigación a las áreas adyacentes.
La carrera contra el reloj: ¿cuántas neuronas se pierden?
La frase “el tiempo es cerebro” no es una metáfora, sino una realidad neurobiológica exacta. “Durante un ACV isquémico no tratado, el cerebro pierde un promedio de 1,9 millones de neuronas por cada minuto que pasa. En una sola hora sin atención médica adecuada, el tejido cerebral envejece de forma sustancial”, opinó el especialista.
Es aquí donde cobra vital relevancia el concepto médico de la “ventana de tiempo”, un período de gracia de aproximadamente 4 a 6 horas desde el inicio exacto de los síntomas. Si el paciente llega a un centro equipado dentro de este lapso, los profesionales de la salud pueden administrar tratamientos trombolíticos (medicamentos específicos para disolver el coágulo) o realizar una trombectomía mecánica (extracción endovascular del trombo). Reabrir la arteria dentro de esta ventana permite salvar el tejido cerebral en riesgo y minimizar significativamente las secuelas neurológicas a largo plazo.
Señales de alerta: el inicio es siempre súbito
“Una de las características determinantes del ACV es que sus síntomas se presentan de manera repentina y sin previo aviso. Prestar atención a las siguientes señales puede salvar una vida:
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Trastornos del habla y de la comprensión: Dificultad para articular palabras, hablar de forma confusa o incomprensión repentina de lo que dicen los demás.
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Asimetría facial: Parálisis o caída repentina de un lado del rostro (por ejemplo, al intentar sonreír, un lado de la boca no responde).
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Pérdida de fuerza o adormecimiento: Debilidad repentina en un brazo, una pierna o en la mitad entera del cuerpo (hemiparesia). Un ejercicio simple consiste en levantar ambos brazos: si uno cae involuntariamente, es una señal inequívoca.
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Alteraciones en la visión: Pérdida repentina de la vista en uno o ambos ojos, o visión doble.
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Pérdida de equilibrio e incoordinación: Dificultad para caminar, mareos intensos o pérdida de la estabilidad.
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Dolor de cabeza severo: Un dolor intenso, repentino y sin causa conocida, frecuentemente descripto como ‘el peor dolor de la vida'”, contó el profesional.
Ante la presencia de cualquiera de estas señales, no hay que esperar a que el síntoma ceda espontáneamente ni buscar remedios caseros: se debe llamar de inmediato al servicio de emergencias médicas o acudir a la guardia más cercana.
Recomendaciones profesionales para la prevención
Si bien el ACV aparece de forma súbita, en la mayoría de los casos es la consecuencia de factores de riesgo acumulados a lo largo de los años. La buena noticia es que hasta un 90% de los ACV son prevenibles mediante el control estricto de la salud cardiovascular:
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Controlar la presión arterial: La hipertensión es el principal factor de riesgo modificable para el ACV.
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Cuidar el perfil lipídico y la glucemia: Mantener niveles óptimos de colesterol y azúcar en sangre previene el deterioro de las arterias.
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Erradicar el tabaquismo y moderar el alcohol: El humo del cigarrillo daña directamente las paredes vasculares y favorece la formación de coágulos.
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Adoptar una alimentación saludable y hacer ejercicio: Reducir el consumo de sal, priorizar alimentos frescos y realizar 30 minutos de actividad física diaria ayudan a mantener la elasticidad arterial y un peso corporal adecuado.
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Chequear la salud del corazón: Tratar afecciones como la fibrilación auricular (un tipo de arritmia) evita la formación de coágulos en el corazón que puedan viajar hacia el cerebro.
Detectar a tiempo las señales y actuar sin demora es la estrategia más poderosa para proteger nuestro cerebro y el de quienes nos rodean.
El neurólogo estuvo en Cada Día, mirá