La discusión sobre cómo deben ser los nacimientos en Mendoza se intensifica. Mientras se busca reducir las intervenciones quirúrgicas, especialistas remarcan que cada embarazo es único y que la decisión de recurrir a una cesárea debe basarse en criterios médicos, no en preferencias personales.
En Mendoza se instaló un debate profundo sobre los nuevos modelos de nacimiento y el lugar que ocupa la cesárea dentro de la atención obstétrica. La provincia impulsa un cambio cultural que apunta a disminuir las intervenciones quirúrgicas y promover un enfoque más cercano al parto vaginal priorizando el concepto de parto respetado, entendido como el derecho de la gestante a transitar el nacimiento con información, acompañamiento y seguridad.
La cesárea es una cirugía mayor que, como toda intervención, conlleva riesgos y una recuperación más prolongada. Por eso, en el sistema estatal se realiza únicamente cuando existe una complicación o una indicación médica clara. En el sector privado, en cambio, los porcentajes son mucho más altos, superando el 70% de los nacimientos, lo que genera preocupación en las autoridades sanitarias.
En este contexto, Lorena Provenzo, del departamento quirúrgico de OSEP, explicó en el programa Cada Día que la mutual estatal trabaja en el Hospital El Carmen, en el pabellón Misericordia, con un esquema de cursos de preparación preparto. El objetivo es que las embarazadas lleguen al momento de dar a luz con la mayor cantidad de información posible, reduciendo miedos y fortaleciendo la confianza. “Lo que se busca es que cada nacimiento se dé de la mejor manera y del modo que corresponda”, señaló.
Los especialistas remarcan que la recuperación tras un nacimiento sin intervención quirúrgica suele ser más rápida y menos riesgosa, lo que refuerza la necesidad de priorizar esta modalidad como primera opción. La intervención quirúrgica queda reservada para casos en los que exista una complicación o una indicación médica clara.
La discusión también se centra en el concepto de parto respetado. Para algunos, significa evitar intervenciones innecesarias; para otros, implica asegurar la libertad de la mujer para decidir cómo y con quién vivir el nacimiento. El nuevo sistema, al establecer que los nacimientos sean atendidos por equipos de guardia y no por el obstetra de cabecera, generó cuestionamientos sobre la autonomía de las pacientes.
Con este modelo, Mendoza busca equilibrar la reducción de cesáreas , priorizando el parto vaginal, con el respeto a los derechos de las gestantes.