La fiebre mundialista: entre la pasión colectiva y la obsesión individual

La fiebre mundialista: entre la pasión colectiva y la obsesión individual

Mundial de Fútbol 2026

El psicólogo Marcelo Severio analizó en Cada Día cómo el entusiasmo por el Mundial puede convertirse en un problema cuando se transforma en obsesión. La identificación nacional une y genera catarsis, pero también puede derivar en ansiedad, frustración y conflictos familiares si no se regulan las emociones.

El Mundial es mucho más que un torneo de fútbol: se transforma en un fenómeno social que altera rutinas, emociones y vínculos. En el programa Cada Día, el psicólogo Marcelo Severio explicó que la diferencia entre fanatismo y obsesión es difícil de trazar, y que el exceso de expectativas puede tener consecuencias negativas.

“Todo fanatismo tiene una cuota de obsesión, pero a veces traspasamos la frontera y entramos en una cuestión muy obsesiva”, señaló Severio, al advertir que el entusiasmo desmedido puede convertirse en un problema cuando condiciona la vida cotidiana.

El especialista subrayó que el Mundial genera una catarsis colectiva que rompe grietas políticas y sociales: “El fútbol en los mundiales nos une, rompe las grietas y saca lo mejor de nosotros en términos sociales y afectivos”. Sin embargo, aclaró que el riesgo aparece cuando la pasión se transforma en obsesión: “Transformar la pasión en obsesión implica deprimirse si pierde Argentina, descuidar obligaciones y vivir con niveles de estrés importantes”.

Uno de los fenómenos que mencionó es el FOMO (Fear of Missing Out o miedo a perderse algo), el miedo a perderse partidos históricos. Según Severio, este temor puede llevar a que personas alteren sus rutinas laborales o familiares para no perderse ningún encuentro, incluso de selecciones que no son la propia.

La presión también alcanza a los jugadores. “No quiero pensar estos once jugadores argentinos en un campeonato del mundo, el grado del peso de la responsabilidad que tienen”, afirmó, al destacar que la expectativa social se convierte en una carga emocional enorme para quienes representan al país en la cancha.

Otros especialistas en psicología del deporte coinciden en que el fútbol activa respuestas fisiológicas comparables a una amenaza real. Durante los partidos se liberan adrenalina y cortisol, lo que provoca aumento del ritmo cardíaco, tensión muscular y síntomas de ansiedad. Además, la identificación excesiva con la selección puede derivar en frustración y conflictos familiares, especialmente cuando alguien decide “parar el mundo” para ver todos los partidos.

El desafío, según Severio, es encontrar un equilibrio: disfrutar la fiesta del fútbol sin que se convierta en una obsesión que condicione la vida cotidiana. Para ello, recomendó consensuar en familia y priorizar los partidos de la selección, pero sin perder de vista que la vida continúa más allá de la Copa.

Mirá aquí la nota completa del equipo de Cada Día con Marcelo Severio: 

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