Durante años fue señalado como perjudicial para la salud, pero hoy recupera protagonismo en la mesa familiar. Su aporte nutricional y su versatilidad lo posicionan como un alimento estratégico para mejorar la calidad alimentaria en América Latina.
Durante décadas, el huevo fue señalado como un alimento “malo”, especialmente por su contenido de colesterol. En los años noventa y principios de los 2000, médicos y nutricionistas recomendaban limitar su consumo, asociándolo con enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, en los últimos años, esa mirada comenzó a cambiar. Hoy, el huevo es considerado un indispensable en la dieta diaria, especialmente en el desayuno, y su reivindicación tiene un fuerte componente científico, cultural y económico en América Latina.
La transformación de su imagen se debe, en parte, a estudios que desmitificaron su impacto negativo. Investigaciones recientes, como las publicadas por la Universidad de Harvard y la Organización Panamericana de la Salud, concluyen que el consumo moderado de huevo no aumenta el riesgo cardiovascular en personas sanas. “El huevo dejó de ser el villano de la nutrición. Es una fuente de proteína completa, accesible y muy útil para mejorar la calidad alimentaria en contextos diversos”, afirma la nutricionista colombiana Laura Rincón, especialista en salud pública.
En países como Argentina, México, Perú y Brasil, el huevo se ha convertido en un aliado clave para combatir la mala alimentación. Según datos de la Cámara Argentina de Productores Avícolas, el consumo per cápita alcanzó los 315 huevos anuales, una cifra que refleja su incorporación cotidiana en hogares de todos los niveles socioeconómicos. Su bajo costo, facilidad de preparación y alto valor nutricional lo posicionan como una opción estratégica para mejorar la alimentación sin aumentar el gasto.
Además, el huevo se adapta a las tradiciones culinarias de cada país. En México, forma parte de los clásicos “huevos a la mexicana”; en Perú, se incluye en desayunos con pan y palta; en Argentina, gana terreno en tostadas con huevo poché o revueltos con vegetales. Esta versatilidad lo convierte en un alimento que no solo nutre, sino que también conecta con la identidad cultural de cada región.
La mirada actual también contempla su rol en la educación alimentaria. En escuelas, comedores comunitarios y campañas de salud, el huevo aparece como ejemplo de alimento completo y fácil de incorporar. “Es ideal para enseñar sobre nutrición básica, porque combina proteínas, grasas saludables y micronutrientes esenciales como la colina, que favorece el desarrollo cognitivo”, explica el médico chileno Andrés Valenzuela, asesor de políticas alimentarias en zonas rurales.
A pesar de sus beneficios, los especialistas insisten en que no debe ser el único protagonista del desayuno. La clave está en combinarlo con fibra, frutas, cereales integrales y grasas saludables, para lograr un perfil nutricional equilibrado. En personas con condiciones específicas, como diabetes o hipercolesterolemia, se recomienda moderar su consumo y priorizar preparaciones sin fritura.