El Gobierno nacional difundió el calendario oficial para el próximo año, con jornadas patrias, religiosas y turísticas que marcarán descansos extendidos y oportunidades para el movimiento económico y el turismo interno en todo el país.
El Gobierno nacional oficializó el calendario de feriados 2026 y confirmó las fechas de los días no laborables con fines turísticos, que permitirán la conformación de varios fines de semana largos y extralargos. La medida, publicada en el Boletín Oficial, busca impulsar el turismo interno y dinamizar sectores clave como la hotelería, la gastronomía y el transporte.
El esquema contempla los feriados inamovibles, los trasladables y tres jornadas adicionales pensadas para generar descansos prolongados. Los días turísticos serán el lunes 23 de marzo, el viernes 10 de julio y el lunes 7 de diciembre, que se suman a fechas patrias y religiosas ya establecidas por ley.
Entre los feriados inamovibles se destacan: 1 de enero (Año Nuevo), 16 y 17 de febrero (Carnaval), 24 de marzo (Día de la Memoria), 2 de abril (Malvinas), 3 de abril (Viernes Santo), 1 de mayo (Día del Trabajador), 25 de mayo (Revolución de Mayo), 20 de junio (Belgrano), 9 de julio (Independencia), 8 de diciembre (Inmaculada Concepción) y 25 de diciembre (Navidad).
En cuanto a los feriados trasladables, se fijaron: 15 de junio (Güemes), 17 de agosto (San Martín), 12 de octubre (Diversidad Cultural) y 23 de noviembre (Soberanía Nacional). Estas fechas podrán moverse para favorecer la organización de fines de semana largos, según lo dispuesto por la Ley N.º 27.399.
El calendario también prevé los puentes turísticos: el 23 de marzo, que se suma al Día de la Memoria; el 10 de julio, que acompaña al Día de la Independencia; y el 7 de diciembre, previo a la Inmaculada Concepción. De esta manera, se conforman fines de semana extralargos de cuatro días, distribuidos a lo largo del año.
Con este esquema, el 2026 ofrecerá al menos 10 fines de semana largos, de los cuales 4 serán extralargos. Estos descansos prolongados son clave para el movimiento turístico y el consumo interno, especialmente en destinos como Mendoza, donde la actividad hotelera y gastronómica depende en gran medida de la afluencia de visitantes en estas fechas.
La estrategia oficial apunta a reducir la estacionalidad del turismo y distribuir el flujo de viajeros durante todo el año.