Con la primavera en marcha y las temperaturas en ascenso, miles de personas enfrentan un problema silencioso pero frecuente. Qué hábitos, productos y cuidados recomiendan los especialistas para evitar incomodidades y recuperar la confianza.
Con el aumento de las temperaturas, el mal olor en los pies se convierte en un problema recurrente para muchas personas. El uso prolongado de calzado cerrado, la transpiración excesiva y la falta de ventilación favorecen la proliferación de bacterias y hongos que generan ese olor característico, incómodo y persistente. Según datos de la Sociedad Argentina de Dermatología, más del 60% de los adultos ha experimentado bromhidrosis plantar en algún momento del año, especialmente entre septiembre y diciembre.
La bromhidrosis, nombre técnico del olor desagradable en los pies, no es una enfermedad grave, pero sí puede afectar la calidad de vida y la confianza personal. “El sudor en sí no tiene olor. Lo que genera el mal olor es la interacción entre la humedad y las bacterias que viven en la piel”, explica la dermatóloga Mariana Gutiérrez, especialista en microbiota cutánea. El problema se agrava cuando el calzado impide la evaporación del sudor, creando un ambiente ideal para microorganismos.
Para prevenir el mal olor en los pies, los especialistas recomiendan una rutina de higiene rigurosa. Lavar los pies a diario con agua tibia y jabón antibacteriano, secar bien entre los dedos y usar medias de algodón que permitan la transpiración son claves. Además, es fundamental alternar el calzado y evitar usar el mismo par dos días seguidos. “El zapato necesita al menos 24 horas para airearse y eliminar la humedad acumulada”, señala Gutiérrez.
Entre los remedios caseros más efectivos, se destacan los baños de pies con vinagre de manzana, que ayudan a regular el pH y reducir la carga bacteriana. También se recomienda espolvorear bicarbonato de sodio dentro del calzado para absorber olores y humedad. En farmacias y tiendas especializadas, existen plantillas antimicrobianas y sprays desodorantes que complementan la rutina de cuidado.
En casos más severos, donde el olor persiste a pesar de los cuidados, puede tratarse de una infección por hongos o una hiperhidrosis no diagnosticada. “Cuando el olor es muy fuerte y no mejora con medidas básicas, conviene consultar con un dermatólogo. Hay tratamientos tópicos y orales que pueden ayudar”, advierte la especialista. El uso de productos antimicóticos y la evaluación médica son fundamentales para evitar complicaciones.
Una encuesta realizada por la Universidad de Buenos Aires reveló que el 38% de los encuestados evita descalzarse en reuniones o espacios compartidos por temor al rechazo. En ese sentido, la prevención y el tratamiento oportuno no solo mejoran la salud, sino también la autoestima y la interacción cotidiana.