José y Rocío, los negociadores que enfrentaron a la alumna armada en la escuela Marcelino Blanco de La Paz, relataron cómo lograron resolver la crisis sin víctimas. Destacaron la importancia del trabajo en equipo, la empatía y la capacitación permanente para priorizar siempre la vida.
Tras la tensa jornada vivida este miércoles en la escuela Marcelino Blanco de La Paz, donde una estudiante de 14 años ingresó con un arma y efectuó disparos, se conocieron los testimonios de los dos negociadores que tuvieron el primer contacto cara a cara con la menor y lograron que la situación se resolviera de manera pacífica.
José y Rocío, integrantes de las Fuerzas de Operaciones Especiales de Mendoza, formaron parte del equipo que intervino en el establecimiento. Ambos coincidieron en que la sensación predominante es la de “gratitud” por haber podido salvar una vida y trabajar de manera coordinada con todo el dispositivo de seguridad.
“Fue una situación muy crítica y muy difícil, pero gracias al trabajo del equipo se pudo salvar una vida”, expresó José. Su compañera, Rocío, agregó: “Sabemos lo compleja que era la situación. Nos quedamos con la contención que pudimos brindarle a la menor y con el resultado positivo obtenido”.
El rol del negociador
Los agentes explicaron que la clave en este tipo de operativos es la empatía. “La función del negociador, tanto primario como secundario, es crear un vínculo de confianza, bajar los niveles de tensión y lograr una resolución favorable”, señaló Rocío.
Ambos destacaron que, independientemente de la edad o de si la persona tiene antecedentes delictivos, el protocolo es el mismo: “No subestimamos nunca la situación. Lo que hacemos es priorizar la vida, sin discriminar sexo, edad o contexto”, afirmó José.
El equipo de negociadores trabajó bajo el lineamiento del Grupo Especial de Seguridad (GES), encargado de evaluar el ingreso, la seguridad perimetral y el contexto dentro de la escuela. “Nosotros nos colocamos en una zona segura y a partir de allí desarrollamos la negociación”, detallaron.
Una experiencia intensa
Los efectivos reconocieron que enfrentarse a una menor armada fue un desafío emocional y profesional. “Es una tarea muy compleja, porque hay que mantener la calma, concentrarse y, al mismo tiempo, ir recaudando información para poder empatizar”, explicó Rocío.
Sobre el momento posterior a la intervención, ambos aseguraron que la sensación fue de alivio y agradecimiento. “Nos fuimos a casa más livianos, agradecidos por haber podido ayudar. En mi caso, agradezco a Dios y al equipo que nos respaldó todo el tiempo”, concluyó José.
Trabajo en equipo
Los negociadores resaltaron la importancia de la preparación permanente y el trabajo en conjunto con las otras áreas de seguridad. “Somos un equipo que no podría funcionar sin el respaldo del GES y de cada una de las personas que participaron. Más de 100 personas formaron parte del operativo”, subrayaron.
El operativo, que mantuvo en vilo a toda la comunidad educativa y al departamento de La Paz, concluyó sin víctimas y con la menor bajo resguardo, gracias a la labor de los equipos tácticos, sanitarios y de negociación que intervinieron durante varias horas.