El equipo mendocino venció por penales y se consagró campeón nacional por primera vez en su historia. El logro, que emociona a toda la provincia, consagra a Alfredo Berti como el técnico más importante del club y a Sebastián Villa como el nuevo ídolo de la Lepra.
La noche fue azul en Córdoba. Independiente Rivadavia escribió la página más gloriosa de su historia al consagrarse campeón nacional, en una final cargada de emoción, polémicas y heroísmo. Con dos jugadores menos, el equipo dirigido por Alfredo Berti resistió con carácter y se impuso en los penales, logrando un título inédito para el fútbol mendocino y el pasaje a la Copa Libertadores 2026.
“Fue un partido muy intenso, lo fuimos a buscar desde el primer minuto. Las expulsiones nos condicionaron, pero el equipo mostró nobleza y carácter”, resumió Berti, visiblemente emocionado, tras la histórica victoria. El técnico, que ya había quedado en la memoria leprosa por el ascenso a Primera, alcanzó así el título más importante en la historia del club.
El otro gran protagonista de la noche fue Sebastián Villa, figura excluyente y elegido por los hinchas como el nuevo ídolo moderno de Independiente Rivadavia. “Hoy hicimos historia. Somos campeones, hay que disfrutarlo”, dijo el delantero, envuelto en abrazos y lágrimas en el campo de juego. “Con dos hombres menos fue muy difícil, pero lo sacamos adelante”, agregó.
Berti y Vila, los pilares del renacer leproso
El presidente Daniel Vila también expresó su emoción. “Nos llevamos la Copa Mendoza, es la primera vez que la provincia tiene una copa de fútbol profesional, y además vamos a la Libertadores. Fue un partido durísimo, pero se logró”, afirmó en diálogo con Noticiero nueve.
El dirigente recordó los años difíciles del club y destacó el trabajo del cuerpo técnico y del plantel: “Hace poco tiempo estábamos peleando el descenso. Hoy somos campeones nacionales. Esto es gracias al esfuerzo de todos”.
La dirigencia había fijado como objetivo inicial clasificar a la Copa Sudamericana. Pero la Lepra superó todas las expectativas: levantó un título nacional y se ganó un lugar en el torneo continental más prestigioso del continente.
Un festejo inolvidable
El estadio fue una fiesta. Hinchas, jugadores y familias invadieron el campo de juego para llevarse un recuerdo de la noche histórica: pedazos de red, pasto o camisetas empapadas de gloria. “Los arcos se quedaron sin redes”, contó el cronista. “Los jugadores se abrazaban con sus hijos, algunos lloraban de emoción”.
Entre los más emocionados se vio a Diego Tonetto, uno de los referentes del plantel, y al paraguayo Alex Arce, el “romperredes”, autor de uno de los goles en la final.
La voz del pueblo leproso
El sentimiento se trasladó a las tribunas y a las calles de Mendoza. “Arriba la Lepra, campeón, papá. Lo bancamos desde el principio hasta el final, sin ayuda de nadie”, gritaba un hincha frente a cámara.
Otro, con lágrimas en los ojos, levantaba una libreta donde marcaba los minutos adicionados: “Nos echaron a dos, nos adicionaron 16 minutos, pero se hizo justicia”.
Y entre los abrazos, un niño de 12 años resumió la emoción colectiva: “Muy feliz, emocionado. Mi viejo no pudo venir, pero gracias a él soy de la Lepra. Hoy no tengo palabras”.
Un título que trasciende
Independiente Rivadavia no solo consiguió el primer título nacional de su historia, sino que también rompió una barrera para todo el fútbol mendocino: es el primer equipo de la provincia en coronarse campeón nacional y clasificar a la Copa Libertadores.
De la mano de Berti, Villa, Arce y un grupo que mezcló garra, fe y fútbol, la Lepra escribió una epopeya que quedará grabada para siempre.