La familia Pulenta repasó los orígenes de Pulenta Estate, el legado de Peñaflor y el camino que los llevó a convertir su bodega mendocina en una referencia internacional de vinos de alta gama, con una fuerte apuesta por la innovación, la exportación y la unión familiar.
La historia de Pulenta Estate está marcada por la tradición vitivinícola, la apuesta por la alta gama y una fuerte visión familiar. Así lo contaron Eduardo Pulenta, su hijo Eduardo y Diego Pulenta durante una entrevista en el programa Historias con Marca, conducido por Elena Alonso y transmitido por El Nueve Streams.
La familia Pulenta fue protagonista de una de las empresas más importantes de la industria del vino argentino: Peñaflor. Sin embargo, a fines de los años 90, decidieron cerrar esa etapa para priorizar la unión familiar antes que enfrentar posibles conflictos entre generaciones futuras.
“Éramos 25 primos y nuestros padres entendieron que lo mejor era vender la empresa antes de que surgieran divisiones”, recordó Eduardo Pulenta. La decisión marcó el final de una etapa histórica, pero también el inicio de un nuevo proyecto.
Con una finca heredada en Agrelo, Eduardo y su hermano Hugo apostaron por construir una bodega enfocada exclusivamente en vinos premium. Así nació Pulenta Estate, un nombre que, según explicaron, hace referencia a que la bodega se encuentra dentro de la propia finca donde se produce la uva.
Una apuesta por los vinos de alta gama
Desde el comienzo, la familia decidió alejarse de la producción masiva y enfocarse en etiquetas de calidad superior.
“Queríamos hacer vinos de alta gama y nunca apuntamos al volumen”, explicó Eduardo Pulenta, quien estudió enología y creció dentro del mundo vitivinícola.
La elección no fue casual. Las características del terroir de Alto Agrelo y las variedades implantadas en la finca familiar permitían desarrollar vinos premium destinados tanto al mercado local como a la exportación.
Actualmente, la empresa mantiene un equilibrio entre ventas nacionales e internacionales. Según detalló Eduardo Pulenta hijo, hoy la distribución es prácticamente 50 y 50, aunque durante muchos años el foco principal estuvo puesto en exportar.
La primera exportación fue hacia Brasil en 2003 y, desde entonces, la marca logró posicionarse en distintos mercados internacionales.
El crecimiento de una empresa familiar
Tanto Eduardo hijo como Diego coincidieron en que la incorporación a la empresa se dio de manera natural, aunque ambos buscaron primero hacer experiencia fuera del negocio familiar.
Los dos estudiaron Ingeniería Industrial y destacaron la importancia de la formación profesional para aportar herramientas de gestión, logística y planificación a la bodega.
Diego incluso trabajó en un banco antes de sumarse al proyecto familiar, mientras que Eduardo comenzó a involucrarse fuertemente en el área de exportaciones tras regresar de un viaje por Europa.
Con el paso del tiempo, la estructura familiar se fue ampliando. También se incorporó Nina Pulenta, radicada en Londres, quien hoy trabaja en el área de marketing y comunicación, además de desarrollar el mercado británico.
Innovación constante y mirada internacional
Uno de los puntos más destacados de la charla fue la importancia que la familia le da a la innovación y a la observación permanente de los mercados internacionales.
A partir de viajes y tendencias globales surgieron proyectos como el rosé de la bodega o la incorporación de nuevas variedades como Pinot Gris, Nero d’Avola, Montepulciano y Albariño.
“Hay que estar todos los días en el mercado. La viticultura cambia constantemente”, aseguró Eduardo Pulenta.
Además, remarcaron que la degustación dentro de la bodega es un proceso abierto y colectivo, donde participan distintas áreas del equipo técnico, incluyendo mujeres enólogas, para enriquecer las miradas y los perfiles sensoriales.
La familia, el gran valor detrás del proyecto
Más allá del crecimiento comercial y el reconocimiento internacional, los Pulenta destacaron que el principal objetivo siempre fue preservar el vínculo familiar.
Incluso contaron que suelen ponerse límites para no hablar de trabajo durante las reuniones familiares, aunque reconocieron que el vino siempre termina formando parte de la conversación.
“Priorizamos el éxito de la familia antes que el de la empresa”, resumieron durante la entrevista.
Actualmente, Pulenta Estate exporta a distintos países y busca seguir fortaleciendo mercados internacionales, especialmente en Asia, donde consideran que existe un enorme potencial de crecimiento para el vino argentino.
A 26 años de su creación, la bodega mendocina continúa consolidando una identidad basada en la calidad, la innovación y el trabajo en equipo, manteniendo intacto el legado familiar que dio origen al proyecto.