Una historia familiar que nació con la inmigración, creció con el trabajo y hoy proyecta sus valores hacia nuevos negocios, manteniendo viva la identidad, el compromiso social y la mirada puesta en el futuro de Mendoza y del país.
En un nuevo episodio del programa Historias con Marca, conducido por Elena Alonso, la protagonista no fue solo una empresa, sino una familia. Teresa Corradini de Barbera, Fernando Barbera y Joaquín Barbera, reconocidos mundialmente por el restaurant La Marchigiana, repasaron una historia que atraviesa más de siete décadas en la Argentina y que combina inmigración, esfuerzo, gastronomía, diversificación empresarial y un fuerte compromiso con los valores humanos.
La charla comenzó con el relato más íntimo y conmovedor: la llegada de Teresa y su madre a la Argentina en 1948, en plena posguerra. El desembarco estuvo marcado por el dolor, pero también por una fuerza inquebrantable. Desde una cocina precaria y con recursos mínimos, nació el primer restaurante que se convertiría, con los años, en un símbolo para Mendoza. “En el esfuerzo y en el sacrificio se une la familia, no se desune”, recordó Teresa, destacando el legado de amor, trabajo y dignidad que dejó su madre.
Fernando Barbera explicó cómo ese espíritu se vivió siempre con naturalidad. La familia creció literalmente sobre el restaurante: se trabajaba, se aprendía y se ayudaba desde chicos. “Cuando empezamos a trabajar ya lo teníamos en la sangre”, señaló, remarcando que la empresa nunca fue solo un negocio, sino una forma de vida.
El desafío de la nueva generación
Joaquín Barbera, representante de la nueva generación, puso el foco en el valor del nombre y la trayectoria. Honrar el pasado, explicó, es la base que hoy les permite pensar proyectos más grandes y diversificados. “El desafío es unir lo que hicieron nuestros abuelos y padres con los sueños de la nueva generación”, afirmó. Así nació la idea de expandir el propósito familiar a distintas unidades de negocio, más allá de la gastronomía, sin perder la identidad.
Uno de los ejes centrales de la entrevista fue la continuidad de la empresa familiar, un desafío que muchas veces fracasa en la segunda o tercera generación. Fernando contó que la clave fue la profesionalización temprana, la capacitación y la implementación de un protocolo familiar que definiera roles claros. “Hay que saber correrse a un costado y acompañar sin hacer sombra”, sostuvo sobre el traspaso generacional.
Teresa, con 91 años, sigue siendo una presencia activa. Visita el restaurante, opina sobre recetas y mantiene intacta la obsesión por el cliente satisfecho. “Cuando se van felices, esto es lo mío”, dijo, recordando que su forma de decidir siempre fue escuchar al cliente antes que a su propio orgullo. También destacó el rol de la familia y de su esposo en la construcción de ese camino compartido.
La conversación también abordó el vínculo con proveedores y empleados, un pilar del grupo. Fernando recordó momentos críticos, como el incendio de 2002, cuando el apoyo de los proveedores fue clave para reconstruir el restaurante. “Es recíproco: cuidar al cliente, al proveedor y al equipo genera compromiso”, explicó.
Los desafíos del futuro
Mirando al futuro, Joaquín detalló la visión estratégica del grupo: energía, agroindustria, finanzas, desarrollo inmobiliario y proyectos culturales y deportivos. La idea, remarcó, es aplicar los valores de la empresa familiar a sectores que puedan escalar y generar impacto social y ambiental. “El sistema económico tiene que generar bienestar, además de rentabilidad”, afirmó.
Sobre la Argentina actual, Fernando se mostró optimista. Destacó una nueva generación de empresarios más consciente del impacto social y la necesidad de mayor sinergia entre lo público y lo privado. También subrayó la importancia de la seguridad jurídica y de animarse a pensar negocios con el mundo desde Mendoza, una provincia que considera ordenada y con ventajas comparativas.
“La vida es una misión”
El cierre quedó en manos de Teresa, con una reflexión profunda sobre la dignidad del trabajo, la humanidad y el futuro del país. Defendió la cultura del esfuerzo, el ahorro y la justicia, y expresó su deseo de que los jóvenes encuentren oportunidades sin tener que irse. “La vida es una misión”, resumió, convencida de que el verdadero legado no es solo empresarial, sino humano.
La historia de la familia Barbera muestra que el crecimiento sostenido, cuando se apoya en valores sólidos, puede trascender generaciones y convertirse en un aporte real para la comunidad y el país.