Tos convulsa y riesgo en lactantes

Tos convulsa y riesgo en lactantes

En los últimos meses, los sistemas de salud han reportado un incremento preocupante en los casos de tos convulsa, también conocida como coqueluche o pertussis. Esta enfermedad respiratoria, altamente contagiosa, representa una amenaza crítica para los menores de un año, especialmente para bebés de menos de dos meses que aún no han completado su esquema de vacunación inicial.

La tos convulsa es una infección respiratoria causada por la bacteria Bordetella pertussis. Aunque se trata de una enfermedad prevenible mediante la vacunación, la ciclicidad de los brotes y la caída en las coberturas de inmunización a nivel global han generado un escenario de vulnerabilidad. “Lo que comienza como un cuadro trivial puede transformarse rápidamente en una emergencia médica para los miembros más pequeños de la familia. Conocer los síntomas tempranos y cumplir con los calendarios de inmunización es la única barrera efectiva para frenar este avance”, aclara el médico pediatra Diego Montes de Oca.

De un simple resfrío a la tos paroxística

“Uno de los mayores desafíos diagnósticos de la tos convulsa es su etapa inicial. Durante las primeras dos semanas, el cuadro es prácticamente indistinguible de un resfriado común: fiebre leve, goteo nasal y una tos discreta. Esta es la fase de mayor contagiosidad.

Sin embargo, a medida que la bacteria coloniza las vías aéreas y libera sus toxinas, la enfermedad progresa a la fase paroxística. En esta etapa, el paciente experimenta ataques de tos violentos, rápidos y repetidos. Estos paroxismos suelen terminar con un sonido estridente al inhalar (el famoso ‘estridor’ o ‘coqueluche’) y pueden provocar vómitos o un agotamiento extremo. En bebés muy pequeños, es posible que no se presente la tos típica, sino episodios de apnea (pausas en la respiración) y cianosis (coloración azulada de la piel), lo cual es extremadamente peligroso. La vacunación salva vidas, más que nunca”, argumentó Montes de Oca.

Por qué es peligrosa en menores de un año

La mortalidad por tos convulsa se concentra casi exclusivamente en lactantes menores de 12 meses. Los bebés de menos de dos meses son los más vulnerables, ya que todavía no han recibido su primera dosis de la vacuna quíntuple o pentavalente. En estos casos, la bacteria puede causar complicaciones graves como neumonía, convulsiones y encefalopatía debido a la falta de oxígeno durante los ataques de tos.

Prevención: El escudo de la vacunación

Según el pediatra “La estrategia de prevención más sólida es la vacunación en cascada:

  1. Vacunación en el embarazo: Es fundamental que las personas gestantes reciban la vacuna triple bacteriana acelular (dTpa) a partir de la semana 20 de cada embarazo. Esto permite la transferencia transplacentaria de anticuerpos que protegerán al recién nacido hasta que pueda recibir su propia dosis a los dos meses.
  2. Esquema pediátrico: Cumplir estrictamente con las dosis a los 2, 4 y 6 meses de vida, seguidas por los refuerzos al año y medio y al ingreso escolar.
  3. Estrategia “Capullo”: Consiste en asegurar que todos los convivientes del bebé (padres, abuelos, niñeras) estén vacunados para evitar que actúen como vectores de la bacteria hacia el hogar”.

Tratamiento y manejo clínico

Ante la sospecha de tos convulsa, el tratamiento de elección es la administración de antibióticos específicos (generalmente macrólidos como la azitromicina o claritromicina). Si bien el antibiótico no siempre detiene los ataques de tos una vez que estos han comenzado (debido al daño previo de las toxinas en los cilios pulmonares), es vital para eliminar la bacteria del organismo y evitar que el paciente siga contagiando a otros.

En lactantes pequeños, el tratamiento suele requerir internación para monitorear los niveles de oxígeno y asegurar una hidratación adecuada, dado que los ataques de tos dificultan la alimentación.

La responsabilidad colectiva

El crecimiento de los casos nos recuerda que la salud infantil depende del compromiso comunitario. Detectar a tiempo los síntomas y mantener al día las vacunas no es solo una medida individual, sino un acto de protección hacia los más vulnerables. Ante una tos que persiste por más de una semana o que se presenta en ataques, la consulta pediátrica inmediata es obligatoria.

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