“Tengo un tumor cerebral”: ¿Y ahora qué? el relato en primera persona

“Tengo un tumor cerebral”: ¿Y ahora qué? el relato en primera persona

Nuestra especialista y neuropsicóloga Cecilia Ortiz, contó en Cada Día, cómo un tumor cerebral le cambió la vida. Un testimonio en primera persona sobre su caso, cómo decidió enfrentar todo apenas fue detectada la enfermedad, y cómo apostó a la resiliencia para seguir adelante.

Comienzo esta nota en primera persona porque fue hace poco tiempo, que un posteo nocturno de Ceci Ortiz, “La Ceci”, nuestra amiga y profesional de la neurociencia, que tanto aporta a nuestro programa Cada Día, me dejó helada.

En él, Ceci contaba que había recibido un diagnóstico inesperado: tenía un tumor cerebral. No entendí nada, me quedé aturdida…Debía ser una fake news… ¡si hacía nada había estado con nosotros en el programa hablando como siempre temas de psicología…! No, definitivamente no podía ser…Pero era…

Cecilia es una mujer deportista, con hábitos sanos, pro activa, familiera y amiguera y contaba desde su Instagram lo incomprensible para todos: tenía un tumor… Pero allí estaba ella, estoica, comenzando su duro relato para dar ánimos a quien la veía y transitaba por lo mismo, para compartir que no todas son rosas, para ser abrazada por los que la conocemos, y quienes la siguen. Lo hizo desde un lugar que nada tenía que ver con la victimización. Muy por el contrario, fue contando de a poco, con valentía y la voz por momentos quebrada cada uno de los pasos a seguir, como una manera de que muchos que pasaban por lo mismo, pudieran ser acompañados con su aporte. Con resiliencia pasó por cada semana y examen extra para llegar a una cirugía, de la que salió airosa, no sin transitar mil estados, pensamientos y llantos y una actitud de fortaleza que la mantuvo a flote. Hoy, “La ceci “llegó al estudio de Cada Día, nos abrazó profundo y nos contó a nosotros y a quienes les sirviera su relato, su propia historia. Una historia nada fácil de vivir, en la que pasó por dolor, angustia, pero también por un aprendizaje que quiso compartir sin mezquindad, a pesar de lo duro que transitó y con una sonrisa franca que ninguna enfermedad logró borrarle.

– ¿Cómo fue recibir esta noticia impensada?

Fue un diagnóstico duro. Eso inesperado que aparece cuando tenés tu atención puesta en las cosas de la vida y de repente el baldazo de agua. Lo importante que recalco es esto que hemos hablado mil veces, y que son las señales que nos da el cuerpo. Muchas veces uno espera grandes señales o síntomas en mi caso de un tumor cerebral, y no fue así. No tuve grandes dolores de cabeza, o vómitos o mareos, o visión doble. Nada de eso me pasó. Comencé con fallas muy simples que a mí me empezaron a hacer ruido.

– ¿Cuáles fueron?

Fallas atencionales que en mi caso no tenía. Dejar algo en un lugar y luego no recordar dónde (algo que en mi caso no era común). Algo muy significativo para mí fue querer hacerme un café, poner la taza, echarle el agua caliente y la cucharita con el café ponerla en la mesada. Allí me di cuenta que esa no era yo…y decidí consultar…Hay algo adentro que te dice que hay algo raro…Fui la primera en ver la imagen en mi cerebro que como especialista me dejó atónita. Mi primera reacción fue el miedo, me hago cargo de eso sino mentiría. Imposible no preguntarse qué pasa después de esto, qué viene. Luego sobrevino la esperanza en el equipo médico que afortunadamente pude tener y me ayudó a transitar esto. Frente a ellos me dije y les dije me pongo en sus manos literal. Poner el cuerpo y la cabeza física y mental en un equipo, que sepas que te contiene y apoyo es vital. Allí se abre un doble camino…

– ¿Cuál?

Una opción es la queja, el lamento, el “porqué a mí”, “justo a mí y ahora”, algo que no me ayuda a pasar la situación. El otro camino es enfrentar el día a día, y ver de qué manera transitarlo haciendo todo lo que debía hacer, hacerme estudios, tomar la medicación prescripta, prepararme para enfrentar la cirugía…Es decir el tránsito de la camilla hasta la sala de cirugía es fuerte…pero llega un momento en que te decís “no queda otra” y le das para adelante.

– ¿Por qué decidiste compartirlo en redes, y qué generó en vos y los demás de positivo?

Primero que nada, no lo hice para victimizarme, sino porque todo lo que hay alrededor de lo que son los tumores o cánceres, hay una cuestión cultural de lectura desde el sufrimiento desde lo terrible o desastroso y no tiene que ser así. Hoy los médicos argentinos y mendocinos son muy grandes a nivel investigación y adelantos, y muchas veces podemos curarnos…Fue un motor para que muchas personas me contaran su relato, y siento que parte de la responsabilidad de una como comunicadora, es brindar la ayuda que se pueda, desde un lugar honesto, de cero víctimas, ni de soberbia. Al contrario, hay mucha gente con angustia sin herramientas para transitar un momento de salud, entonces ayudar desde la humildad, leer, escuchar, es vital. Si mi testimonio sirve para contener, bienvenido sea.

– ¿Qué le dirías a quien te escucha o lee desde el otro lado?

Que no soy ejemplo de nada, que a mí me sirvió pensar que no tenía opción. Que mi alternativa era la vida. Me aferré a eso. Hoy la vida es hacer los estudios y el tratamiento. Transmitir que se puede, que hay que confiar, y que hay que hacer lo que hay que hacer, que el miedo siempre está, pero hay que transitarlo de la mano.

Mirá la entrevista completa a la profesional.

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