Melatonina y uso prolongado: ¿Ayuda natural o riesgo silencioso?

Melatonina y uso prolongado: ¿Ayuda natural o riesgo silencioso?

Considerada por muchos como una solución mágica para el insomnio, la hormona de melatonina regula nuestro reloj biológico. Sin embargo, su consumo crónico sin supervisión médica puede alterar el equilibrio endocrino y enmascarar desajustes críticos en los niveles de cortisol.

En la búsqueda de un descanso reparador en tiempos de hiperconectividad, la melatonina se ha posicionado como el suplemento estrella. Se vende en farmacias y dietéticas con la promesa de un sueño profundo y “natural”. Pero, antes de incorporarla a la rutina diaria, es fundamental entender qué es realmente y por qué su uso prolongado no debe tomarse a la ligera.

¿Qué es la melatonina y cómo funciona?

“A diferencia de un sedante convencional, la melatonina es una hormona producida de forma natural por la glándula pineal. Su función principal es informar al cuerpo que ha llegado la oscuridad, preparando al organismo para iniciar el ciclo del sueño. Es la encargada de sincronizar nuestro ritmo circadiano, ese reloj interno que nos dicta cuándo estar alerta y cuándo descansar”, apunta la neumonóloga Silvana Malnis, especialista en medicina del sueño.

-¿Qué beneficios trae?

El uso de melatonina sintética es altamente efectivo en casos específicos:

  • Jet lag: para reajustar el cuerpo tras vuelos transoceánicos.

  • Trabajos por turnos: cuando se debe dormir en horarios que contradicen la luz solar.

  • Trastornos de fase retrasada: en personas que naturalmente concilian el sueño muy entrada la madrugada.

-¿Tiene riesgos?

“El cuerpo humano es un sistema de retroalimentación constante. Cuando suministramos una hormona de forma externa y prolongada, corremos el riesgo de que la producción propia se reduzca o de que los receptores pierdan sensibilidad.

Los efectos de un exceso o uso crónico pueden incluir:

Somnolencia diurna: sensación de “resaca” o aturdimiento al despertar.

Pesadillas vívidas: alteraciones en la fase REM del sueño.

Desajustes hormonales: al ser una hormona, su exceso puede interferir con otros ciclos reproductivos o metabólicos.

Dependencia psicológica: la creencia de que es imposible dormir sin la pastilla, ignorando la higiene del sueño.”

El factor clave: la relación con el cortisol

“Para entender por qué no podemos dormir, no basta con mirar la melatonina; hay que observar a su antagonista: el cortisol. Estas dos hormonas funcionan como un balancín: cuando el cortisol (la hormona del estrés y la alerta) está alto por la mañana, la melatonina está baja. Al caer la noche, el cortisol debería descender para permitir que la melatonina tome el mando.

Si vivimos en un estado de estrés crónico, el cortisol se mantiene elevado durante la noche. Tomar melatonina en este escenario es como intentar apagar un incendio forestal con un vaso de agua: estamos forzando el sueño sin resolver la alerta biológica subyacente”, argumentpo Malnis.

El control preventivo: cortisol en saliva

“Antes de comenzar cualquier suplementación con melatonina, la recomendación clínica más sólida es realizar un control de cortisol en saliva. A diferencia de los análisis de sangre, el test de saliva permite medir los niveles en diferentes momentos del día (curva de cortisol).

Saber cómo está nuestro cortisol antes de intervenir el sistema endocrino es vital. Si el problema es un exceso de cortisol nocturno, el tratamiento debería enfocarse en la gestión del estrés y la regulación del sistema nervioso, no simplemente en añadir más melatonina al sistema”, detalló la especialista.

Preguntarse “¿por qué no estoy pudiendo dormir?” es el primer paso hacia una solución real. El insomnio suele ser un síntoma, no una enfermedad en sí misma. Antes de recurrir a la suplementación hormonal, es fundamental revisar la exposición a pantallas de noche, la temperatura del dormitorio y, sobre todo, evaluar nuestro perfil hormonal completo con un profesional. El sueño de calidad no se compra en un frasco; se construye equilibrando los ritmos de nuestro propio cuerpo.

La especialista estuvo en Cada Día, mirá la nota

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