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IA y nutrición: El peligro de confundir un algoritmo con un médico

IA y nutrición: El peligro de confundir un algoritmo con un médico

En un mundo donde la respuesta a cualquier duda parece estar a un clic de distancia, la Inteligencia Artificial (IA) ha emergido como el nuevo “gurú” de las dietas personalizadas. Sin embargo, lo que se presenta como una solución eficiente, esconde riesgos críticos para la salud si no es capitaneado por el profesional médico.

La fascinación por la Inteligencia Artificial ha llevado a muchos usuarios a utilizar herramientas como ChatGPT o Claude para diseñar sus planes de alimentación. La premisa es tentadora: “Dame una dieta de 1800 calorías para un adolescente que hace deporte”. En segundos, la pantalla se llena de opciones, gramajes y horarios. Pero aquí reside la trampa: la IA no está recetando, está prediciendo texto.

“Un modelo de lenguaje como ChatGPT puede procesar billones de datos, pero carece de la capacidad de entender la biografía humana, la historia clínica y las necesidades metabólicas específicas de cada individuo. Especialmente en etapas sensibles como la niñez y la adolescencia, delegar la alimentación a un software sin supervisión profesional no es solo un error informativo, sino una amenaza real a la integridad física y emocional”, apunta la licenciada en nutrición María de los Ángeles Giménez.

Datos valiosos, pero sin contexto humano

Es innegable que la IA puede brindar datos nutricionales valiosos, como el conteo de proteínas de una legumbre o sugerencias de recetas saludables. Sin embargo, un profesional de la nutrición no solo entrega una lista de alimentos; realiza un diagnóstico.

“La nutrición clínica se basa en la historia clínica: antecedentes de enfermedades, análisis de laboratorio (sangre, orina, perfil hormonal), alergias alimentarias, salud digestiva y, fundamentalmente, la relación psicológica del paciente con la comida. La IA ignora si el usuario tiene una predisposición a la anemia, si sus riñones están procesando correctamente las proteínas o si está atravesando un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) que la dieta solicitada solo vendría a agravar”, apunta la nutricionista.

El riesgo en niños y adolescentes

Esta etapa de la vida es la más crítica. Un niño no es un adulto en miniatura y un adolescente atraviesa cambios hormonales y de crecimiento que requieren un ajuste milimétrico de nutrientes.

  • Desarrollo óseo y hormonal: Una dieta restrictiva sugerida por una IA puede omitir minerales esenciales como el calcio o el zinc, afectando el crecimiento longitudinal y el desarrollo reproductivo.
  • Impacto psicológico: Los adolescentes son el grupo más vulnerable a los mensajes de “perfección” corporal. Una IA, al no tener ética ni empatía, puede reforzar conductas obsesivas de conteo de calorías, funcionando como un disparador de inseguridades en lugar de una herramienta de salud.

ChatGPT es una herramienta, no un profesional

La distinción debe ser clara: la IA es un asistente de datos, no un médico matriculado. Un nutricionista “conoce la vida” del paciente. Sabe si ese adolescente tiene tiempo de cocinar, si su familia puede costear ciertos alimentos, si duerme lo suficiente o si su fatiga se debe a la falta de carbohidratos o a un cuadro de estrés escolar.

La medicina es, por definición, a la medida del paciente. El profesional médico ajusta el tratamiento en tiempo real basándose en la evolución física y el feedback emocional del paciente, algo que un algoritmo de procesamiento de lenguaje natural es incapaz de replicar.

¿Cómo usar la tecnología de forma segura?

No se trata de demonizar la tecnología, sino de darle el lugar que le corresponde. Una forma responsable de usar la IA en nutrición sería:

-Para inspiración, no para prescripción: Pedir “ideas de cenas con brócoli” es inofensivo y útil. Pedir “una dieta para bajar 5 kilos en un mes” es peligroso.

-Validación obligatoria: Cualquier información obtenida de un chat debe ser llevada a la consulta médica. “Doctor, vi esta recomendación en internet, ¿aplica para mi caso?”.

-Priorizar la fuente: La salud es un territorio donde la generalización de los datos mata la particularidad del individuo.

La salud no se delega

“La Inteligencia Artificial es una proeza de la ingeniería, pero no tiene corazón, ni ojos para ver la palidez de una anemia, ni oídos para escuchar la angustia de un paciente. En la nutrición, especialmente la infantil y juvenil, el vínculo humano es el único que garantiza la seguridad. El profesional de la salud sigue siendo, y será siempre, el único capaz de integrar la ciencia con la historia de vida para que alimentarse sea un acto de salud y no un experimento algorítmico”, concluyó la nutricionista.

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