Estos potentes antiinflamatorios son esenciales en el tratamiento de diversas enfermedades, pero su uso indiscriminado o incorrecto puede provocar efectos secundarios. En esta nota, desentrañamos los mitos y verdades.
Los corticoides, también conocidos como glucocorticoides, son un grupo de fármacos de gran potencia que imitan la acción del cortisol, una hormona esteroide producida de forma natural por las glándulas suprarrenales. “Su principal función en la medicina es la de actuar como un potente antiinflamatorio e inmunosupresor. Esto los convierte en una herramienta fundamental para el tratamiento de un vasto espectro de enfermedades, desde alergias severas y asma, hasta padecimientos autoinmunes como la artritis reumatoide, el lupus y la enfermedad de Crohn”, explicó Jorhe Pujol, médico clínico especialista en obesidad.
Su mecanismo de acción es complejo pero efectivo. A grandes rasgos, los corticoides actúan bloqueando la producción de sustancias químicas en el cuerpo que desencadenan la inflamación. Al suprimir la respuesta inmune, reduce la inflamación y el dolor asociado a estas patologías. Sin embargo, su efectividad viene de la mano de un delicado equilibrio que debe ser manejado con la máxima cautela.
¿Qué efectos secundarios tiene?
“Uno de los efectos secundarios más recurrentes y motivo de preocupación para muchos pacientes es la posible relación entre los corticoides y el aumento de peso. La respuesta a esta pregunta no es un simple “sí” o “no”. El aumento de peso no es una consecuencia directa del fármaco en todos los casos, sino que está estrechamente ligado a la dosis, la duración del tratamiento y la forma en que se administra. En tratamientos a corto plazo ya dosis bajas, el impacto en el peso suele ser mínimo. Sin embargo, cuando se utilizan en terapias prolongadas y dosis elevadas, los corticoides pueden provocar un aumento de peso significativo”, explicó el especialista.
-¿Por qué ocurre esto?
El mecanismo es multifactorial. Por un lado, los corticoides pueden aumentar el apetito, lo que lleva a un mayor consumo de alimentos. Por otro, influyen en el metabolismo de las grasas y los azúcares. Alteran la distribución de la grasa corporal, provocando que se acumule en zonas como la cara, el cuello, el tronco y el abdomen, una condición conocida como “cara de luna llena” o “joroba de búfalo”. También pueden generar retención de líquidos, lo que contribuye a la sensación de hinchazón y al aumento de peso en la balanza. Además, pueden disminuir la masa muscular, lo que reduce el gasto energético del cuerpo y dificulta la pérdida de peso.
Es crucial entender que el uso de corticoides es una decisión médica que debe ser tomada y supervisada por un profesional de la salud. La automedicación con estos fármacos es extremadamente peligrosa y puede provocar consecuencias graves. Un médico es quien debe realizar un diagnóstico preciso y determinar si el uso de corticoides es necesario, considerando la relación riesgo-beneficio.
El médico es el encargado de establecer la dosis adecuada, la vía de administración (oral, inyectable, tópica, inhalada) y la duración del tratamiento. Además, es fundamental que el paciente nunca suspenda el tratamiento de forma abrupta sin consultar al médico. El cuerpo se acostumbra a la presencia de estos fármacos y una interrupción repentina puede provocar una “crisis suprarrenal”, una condición potencialmente mortal. Por ello, el cese del tratamiento debe ser gradual y controlado.
-¿La ingesta prolongada de corticoides puede generar el denominado síndrome de Cushing?
El síndrome de Cushing puede ser causado por el uso prolongado de corticoides, lo que se conoce como síndrome de Cushing exógeno. Los corticoides son medicamentos que imitan la acción del cortisol, una hormona natural producida por el cuerpo. Cuando se toman en exceso, ya sea por tratamientos médicos o por la producción excesiva de estas hormonas por parte del cuerpo, pueden desencadenar el síndrome de Cushing.
Los corticoides son una herramienta terapéutica poderosa e indispensable en el arsenal de la medicina moderna. Su capacidad para combatir la inflamación y regular el sistema inmunológico es de vital importancia para mejorar la calidad de vida de millones de personas. Sin embargo, su uso exige respeto, conocimiento y, sobre todo, una supervisión médica rigurosa. Entender sus efectos, como el potencial aumento de peso, permite a los pacientes afrontar el tratamiento con información clara a los médicos, y tomar las mejores decisiones para la salud de quienes confían en su experiencia. “La salud es un tesoro que debemos proteger, y en el caso de los corticoides, la clave está en el uso correcto y responsable bajo la guía de un profesional”, concluyó Pujol.