El juego de té de Yiya Murano volvió a escena tras una polémica venta

El juego de té de Yiya Murano volvió a escena tras una polémica venta

La pieza vinculada a los crímenes de la célebre “envenenadora de Monserrat” fue adquirida por un empresario patagónico, lo que reavivó el interés por uno de los casos más impactantes de la historia criminal argentina.

El nombre de Yiya Murano, una de las figuras más perturbadoras de la crónica policial argentina, volvió a instalarse en la conversación pública tras la reciente comercialización de un objeto directamente asociado a sus crímenes. La operación, que generó debate y rechazo en redes, reabrió preguntas sobre el atractivo que aún ejercen los casos criminales de alto impacto.

El juego de té utilizado por Murano en los encuentros donde envenenó a sus víctimas fue vendido por cuatro mil dólares. El comprador fue José Perrucho, un empresario de Comodoro Rivadavia, conocido por otras adquisiciones excéntricas, como un Mercedes Benz que perteneció a Susana Giménez. La transacción se concretó en una escribanía y fue confirmada por Martín Murano, hijo de la asesina.

El hijo de Yiya Murano, Martín, junto al comprador del juego de vajilla

Según explicó el propio Martín, el dinero recaudado iba a destinarse inicialmente a un refugio de perros. Sin embargo, al investigar la institución descubrió que ya no funcionaba y que las donaciones previas habían desaparecido. Por ese motivo, los fondos serán redirigidos a proyectos vinculados a especies autóctonas y organizaciones protectoras de animales en Chubut.

El caso de María Bernardina Bolla Aponte de Murano, más conocida como Yiya, marcó un hito en la historia criminal del país. A fines de los años 70, la mujer montó una estafa financiera que terminó en tragedia cuando sus amigas comenzaron a exigirle la devolución del dinero. Para evitar que la descubrieran, las envenenó con cianuro disimulado en pasteles y té, un método que le valió el apodo de “La envenenadora de Monserrat” y que inspiró libros, investigaciones y producciones audiovisuales, incluida la reciente miniserie “Yiya”.

Murano fue condenada en 1985 por los homicidios de Nilda Gamba, Leila Formizano de Ayala y Carmen Sulema de Georgio, pero solo cumplió diez años de prisión. Recuperó la libertad en 1993 tras una conmutación de pena y, lejos de desaparecer del ojo público, se convirtió en una figura mediática que defendió su inocencia hasta su muerte en 2014.

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