Muchas personas prefieren comunicar de otra forma que no sea la meramente verbal, ya que no es su fuerte, o no los hace sentir cómodos. ¿Existen otras maneras de socializar? La palabra autorizada.
“¿Prefiero quedarme en casa, no me gusta ir a reuniones o cumpleaños en donde no conozco a nadie…”, “Por qué sos tan reservada?, así nunca vas a tener amigos…”. Éstas y otras tantas expresiones pululan de forma constante tanto del lado de la persona con un perfil social bajo, como de quienes las rodean. Pero…, ¿Qué hay de cierto en esto de querer ‘imponer’ al otro un “deber ser”, y si realmente resulta poco beneficioso para la persona?
Desde la mirada del psicólogo especializado Javier Lamagrande “sacando de lado la timidez, incito a que aprendamos a saber ‘aceptar la diversidad’. Partamos de algo primario. Todos tenemos un ‘yo’ social, y un ‘yo’ real. El social se relaciona con lo que muestro en el exterior. El real, es el que tengo dentro de mi casa. No somos de la misma manera cuando salimos, nos mostramos y hablamos, que adentro de nuestras cuatro paredes. En el yo social desenvolvemos capacidades para comunicarnos para acercarnos a los demás. Pero debemos aceptar que somos todos distintos. En algunas personas, el yo social y el real, se logra encajar de forma natural, en otras, la diferencia es marcada y pueden ser más calladas en lo social.
– ¿Qué es lo importante en este punto?
Aceptar la diversidad. Vamos a tener distintas formas de acercarnos todos, pero lo importante en esto es no estigmatizar a las personas. Solemos creer que todos tenemos que ser divertidos, o llegar y comunicarnos como en resto en cualquier situación social. A veces, en una personalidad que está triste o sola o angustiada siente que no puede comunicarse, ni sabe qué decir, y tiende a replegarse. Es algo que está pasando mucho con los jóvenes, en donde se meten en este submundo que son las redes.
– ¿Y qué sucede si la persona desea comunicarse, y darse a conocer, pero no puede?
Lo primero es aceptar que somos distintos. Tal vez me cueste hablar con todas las personas, pero puedo mostrar que soy muy bueno cocinando, o acompañándote desde el silencio o desde otras fortalezas o capacidades, es decir desde otras maneras de socializar.
– ¿Le damos mucha importancia a la palabra en este sentido?
Tal cual. Demasiada, y tal vez no todos contamos con la capacidad de expresarnos desde ella, pero sí con otras formas y lenguajes. Acompañar al otro con la presencia, con los silencios, con una forma de expresarle mi afecto a través del arte, o la escritura, con gestos…hay muchas formas de socializar, pero tendemos a creer que sólo es a través de la oralidad y el ser extrovertidos como los demás. Y no es así.
Introversión-extroversión ¿versus?
Desde una publicación realizada al respecto por diario el país, el psicólogo Alberto Soler Sarrió: “Al hablar de introversión o extroversión, no estamos hablando de dos categorías estancas sino de dos extremos de un continuo; cada persona se ubica en un lugar diferente de una gráfica que parte de una gran introversión hasta una gran extroversión. La sociedad asocia la introversión con rasgos antisociales, timidez o pocas habilidades sociales, lo cual no puede estar más lejos de la realidad, ya que la extroversión se asocia con el éxito social, y esto se percibe en los estereotipos que la publicidad o el cine perpetúan. No obstante, muchas personas que han conseguido un gran éxito han tenido un patrón de personalidad mucho más cercano a la introversión: Albert Einstein, Bill Gates, Steve Jobs, Mark Zuckerberg, etc.”, sentencia. Es decir: toca derribar los tópicos”.
Una manera diferente de disfrute
Desde la mirada que Soler desprende del artículo “conviene entender que las personas introvertidas no son antisociales, sino que disfrutan de las relaciones de un modo diferente. En vez de salir a bailar o de estar entre multitudes, prefieren ir a tomar una copa tranquilamente o quedar con un par de amigos. La introversión es un patrón de personalidad caracterizado por una preferencia hacia situaciones poco complejas y estimulantes; esto es, contextos más tranquilos, menos ruidosos, y con menos personas”.
Aprender a ponernos en el lugar del otro es vital a la hora de dejar prejuicios, e internalizar que no existe una sola manera de lenguaje y socialización.
Mirá en esta nota la entrevista que el equipo de Cada Día le realizó al psicólogo Javier Lamagrande