El fuerte terremoto sacudió el oeste de Colombia el lunes y provocó graves daños en Cali, Pereira, Manizales y otras localidades. Los equipos de emergencia continúan buscando sobrevivientes y personas desaparecidas, mientras las autoridades mantienen la vigilancia por nuevas réplicas.
Colombia atraviesa una de las emergencias más graves de los últimos años luego del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el oeste del país durante la mañana del lunes 10 de agosto. El último balance conocido elevó a 224 la cantidad de personas fallecidas, mientras cientos de heridos continúan recibiendo atención médica. Las operaciones de búsqueda y rescate siguen activas en diferentes puntos.
El epicentro fue localizado cerca de San José del Palmar, en el departamento de Chocó, aunque el movimiento se sintió con fuerza en amplias zonas del territorio colombiano. Entre las ciudades más afectadas aparecen Pereira y Cali, donde se registraron importantes daños en edificios, viviendas e infraestructura.
En Pereira y su área metropolitana se concentra una parte importante de las víctimas, mientras los equipos de rescate continúan trabajando en estructuras dañadas y sectores donde todavía podrían encontrarse personas atrapadas.
Cali también sufrió graves consecuencias. Las autoridades reportaron el colapso de numerosas estructuras y mantienen operativos para localizar a personas desaparecidas. Un reporte situó en 188 los desaparecidos en Cali, aunque el registro continúa en actualización.
También se registraron daños en Manizales, Armenia y Quibdó, entre otras localidades. La magnitud de la destrucción y las dificultades de comunicación en algunas regiones complican la elaboración de un balance definitivo.
Ya se registraron 47 réplicas tras el terremoto
La emergencia no terminó con el movimiento principal. El Servicio Geológico Colombiano registró al menos 47 réplicas durante las primeras horas posteriores al terremoto. La más fuerte alcanzó una magnitud de 4,8. Los especialistas advirtieron que pueden producirse nuevos movimientos mientras continúa la actividad sísmica.
Por este motivo, los organismos de emergencia mantienen protocolos especiales en las zonas afectadas y recomiendan a la población permanecer atenta a las indicaciones oficiales.
Equipos de rescate trabajan entre los escombros
Cientos de rescatistas, policías, militares y voluntarios participan de los operativos desplegados en las zonas más afectadas.
Los trabajos se concentran principalmente en la búsqueda de personas atrapadas y desaparecidas, además de la evaluación de las estructuras que presentan riesgo de nuevos derrumbes.
Testimonios de habitantes describieron escenas de desesperación inmediatamente después del terremoto, con familias buscando a sus seres queridos y vecinos colaborando para retirar escombros y asistir a los heridos.
La situación es particularmente compleja en las regiones con dificultades de acceso y comunicaciones, donde las autoridades deben avanzar simultáneamente con los rescates, la atención sanitaria y el relevamiento de daños.
Frente a la magnitud de la tragedia, el Gobierno colombiano activó una respuesta de emergencia y movilizó recursos para asistir a las poblaciones damnificadas.
El presidente Abelardo de la Espriella, recientemente asumido, declaró el desastre nacional y ordenó reforzar los operativos de asistencia y rescate. También se habilitaron albergues temporales para las personas que no pueden regresar a sus viviendas.
Además, comenzó a llegar ayuda internacional para colaborar con las tareas de emergencia. Estados Unidos, México, Venezuela y otros países ofrecieron asistencia ante la magnitud del desastre.
Buscan a un sanjuanino que vive cerca de Pereira
Entre las historias que surgieron tras el terremoto aparece la de Carlos Luis Cáceres, un hombre oriundo de Rivadavia, San Juan, que vive desde hace varios años en Colombia.
Según la información aportada por su familia, Cáceres reside en Dosquebradas, una localidad ubicada cerca de Pereira, en el departamento de Risaralda, una de las regiones afectadas por el fuerte movimiento sísmico.
Sus familiares perdieron contacto con él y comenzaron a buscar información sobre su paradero. Las dificultades en las comunicaciones complican especialmente la posibilidad de establecer contacto con personas que se encuentran en las zonas más golpeadas.
Hasta el momento, la familia permanece a la espera de novedades que permitan confirmar que el hombre se encuentra a salvo.