Las echaron de la plaza y reinventaron su sueño: la cafetería móvil que hoy conquista Guaymallén

Las echaron de la plaza y reinventaron su sueño: la cafetería móvil que hoy conquista Guaymallén

Emprendedoras

Empezaron vendiendo tortitas para salir adelante en un momento difícil. Tras cinco años de trabajo en una plaza de San José, tuvieron que mudarse, pero lograron transformar el golpe en una nueva oportunidad que hoy sigue atrayendo a decenas de clientes. La historia de La Esquina de la Plaza.

Lo que comenzó como una necesidad para afrontar tiempos complicados terminó convirtiéndose en uno de los emprendimientos más queridos de Guaymallén. Detrás de La Esquina, la cafetería móvil, hay una historia de esfuerzo familiar, madrugadas, aprendizaje y una fuerte conexión con la comunidad. Sin embargo, después de cinco años trabajando todos los días en la Plaza San José, una decisión inesperada las obligó a cambiar de rumbo y reconstruir su proyecto desde cero.

De vender tortitas en bicicleta a crear una cafetería que se volvió un clásico

La historia nació cuando la familia se tuvo que mudar a San José debido a diversos conflictos. Ante esa situación se vieron obligados a buscar una nueva fuente de ingresos para afrontar gastos básicos como el alquiler.

Al principio, la propuesta era sencilla: vender tortitas y panificados caseros elaborados por su mamá, quien aprendió a cocinarlos para poder salir adelante. Con una bicicleta y un pequeño cajón, recorrían talleres, casas y comercios de la zona ofreciendo sus productos.

Con el paso del tiempo, los cambios económicos los llevaron a replantear el negocio. Fue entonces cuando apareció la idea de sumar café y probar suerte en la Plaza San José. “Empezamos con apenas 3 termitos, uno de leche, un tupper de tortitas y con una mesa chica; de a pocos fuimos haciéndonos conocer. Estuvimos los 365 días del año trabajando, hace 5 años”, señaló Ayelen, una de las mujeres detrás del emprendimiento.

Sin embargo, la constancia hizo la diferencia. Durante cinco años trabajaron todos los días, sin importar el frío, el calor o la lluvia, construyendo una clientela fiel que acompañó el crecimiento del emprendimiento. “De a poco logramos ir agrandando el puesto y hoy en día ya pudimos comprar el carro, decorarlo y armar todo. Hemos progresado un montón, gracias a Dios”. 

Para la joven emprendedora, el café representa mucho más que trabajo. La Plaza San José forma parte de su historia personal. Allí pasó gran parte de su vida, compartió momentos con amigos y familiares e incluso dio clases de baile. Por eso, la cafetería terminó convirtiéndose en una extensión de ese vínculo afectivo con el barrio.

Además del valor emocional, el emprendimiento se transformó en el principal sostén económico de la familia. Gracias a ese trabajo diario lograron afrontar gastos, acompañar los estudios universitarios de su hermano y sostener el hogar. “Mi hermano logró entrar a la facultad para estudiar ingeniería; nos da un plato de comida, pero también conocer gente; tenemos clientes muy amables y todo esto es parte de mí. Si puede decir algo de mi trabajo, es que lo disfruto mucho“, exclamaron.

El día que tuvieron que abandonar la plaza

Hace aproximadamente tres semanas, la Municipalidad les informó que no podían continuar trabajando en la Plaza San José debido a las restricciones vinculadas a la venta ambulante.

La noticia llegó como un golpe inesperado. Después de tantos años en el mismo lugar, debieron retirar el puesto y trasladarlo a la puerta de su casa, ubicada a pocos metros de la plaza donde funcionaba originalmente. Ahora están atendiendo su carrito en la calle Viamonte al 715, entre Pellegrini y Lavalle.

Aunque reconocen que entendieron la decisión administrativa, aseguran que el impacto fue enorme, tanto desde lo económico como desde lo emocional. “Sentí que me arrancaban una parte muy importante de mi vida”, relató la emprendedora al recordar aquel momento.

Tras abandonar la plaza, el principal desafío fue avisarles a sus clientes dónde podían encontrarlos. Las redes sociales jugaron un papel clave. A través de Instagram y TikTok comenzaron a comunicar la nueva ubicación y, poco a poco, los habituales visitantes empezaron a acercarse nuevamente.

Los primeros días fueron difíciles, ya que perdieron gran parte del movimiento espontáneo que generaba la plaza. Sin embargo, el apoyo de la comunidad les permitió mantener el proyecto en funcionamiento.

Hoy continúan atendiendo desde la puerta de su casa mientras evalúan alternativas para intentar recuperar un espacio que consideran fundamental para el crecimiento del emprendimiento.

Uno de los aspectos que más destacan quienes están detrás de La Cafetería Móvil es la relación construida con sus clientes. Con el tiempo, el lugar se transformó en un punto de encuentro para vecinos, estudiantes y trabajadores que cada mañana se reúnen para desayunar y compartir un momento agradable.

Detalles como la decoración del carro, el agua disponible para los visitantes y pequeños regalos para los clientes frecuentes ayudaron a generar una comunidad que va mucho más allá de la venta de café.

Esa cercanía quedó demostrada cuando tuvieron que dejar la plaza. Muchos clientes colaboraron difundiendo el nuevo lugar, acercando contactos y brindando apoyo para que el emprendimiento pudiera continuar.

Mientras buscan alternativas para el futuro, la cafetería móvil “La Esquina” sigue funcionando gracias al esfuerzo de las dos mujeres que están detrás, pero también gracias a la comunidad que decidió acompañarlas incluso en los momentos más difíciles.

Seguinos en