La semaglutida se convirtió en una de las principales herramientas para tratar la obesidad y favorecer el descenso de peso. Un especialista explicó su efectividad, qué ocurre al suspender el tratamiento, cómo evitar el “efecto rebote” y por qué debe combinarse con alimentación saludable y actividad física.
La semaglutida se convirtió en uno de los medicamentos más buscados por las personas que buscan bajar de peso. Utilizada inicialmente para el tratamiento de la diabetes, su capacidad para favorecer el descenso de peso hizo que comenzara a ocupar un lugar cada vez más importante en el tratamiento de la obesidad.
El médico clínico especialista en obesidad Santiago Gómez explicó que el crecimiento en el uso de este medicamento también está relacionado con un cambio en la manera de entender el exceso de peso. Según señaló, la obesidad debe ser considerada una enfermedad y no solamente una cuestión estética o una condición vinculada al peso corporal.
En Argentina, alrededor de siete de cada diez personas presentan exceso de peso, entre sobrepeso y obesidad. En este contexto, el especialista planteó que es necesario dejar de poner el foco exclusivamente en la balanza y prestar mayor atención a la composición corporal y, especialmente, a la cantidad de tejido adiposo.
Semaglutida: por qué es tan efectiva para bajar de peso
La semaglutida comenzó a utilizarse en pacientes con diabetes, pero los especialistas observaron que quienes recibían el tratamiento también registraban importantes descensos de peso. A partir de allí, el medicamento empezó a utilizarse también en personas con obesidad que necesitan reducir su masa grasa.
Gómez destacó que se trata de una herramienta particularmente efectiva para el tratamiento de una enfermedad que durante mucho tiempo no contó con alternativas farmacológicas tan eficaces.
Además, señaló que los estudios demostraron beneficios que van más allá del descenso de peso. Según explicó, la semaglutida puede reducir en alrededor de un 30% el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y muerte cardiovascular en determinados pacientes.
Por eso, el especialista remarcó que el creciente interés de los pacientes no debería interpretarse únicamente como una búsqueda estética, sino también como una posibilidad de tratar una enfermedad que está asociada a diferentes complicaciones metabólicas y cardiovasculares.
¿La semaglutida tiene efecto rebote?
Una de las preguntas más frecuentes entre quienes consideran comenzar un tratamiento con semaglutida es qué ocurre cuando se deja de utilizar.
La respuesta del especialista fue contundente: el problema no es necesariamente un “efecto rebote” provocado por el medicamento, sino la propia naturaleza crónica de la obesidad.
Gómez comparó la situación con otros tratamientos para enfermedades crónicas. Al igual que una persona puede volver a presentar hipertensión si abandona su medicación, el peso puede aumentar nuevamente cuando se interrumpe un tratamiento contra la obesidad.
Sin embargo, explicó que existen distintas estrategias para evitar o reducir ese aumento de peso. Algunos pacientes pueden suspender la medicación y mantener los resultados con cambios en sus hábitos, mientras que otros necesitan continuar con el tratamiento a largo plazo.
También existe la posibilidad de reducir progresivamente la dosis para estabilizar el peso alcanzado y, en determinados casos, llegar a suspender la medicación.
Por este motivo, el especialista insistió en que la decisión sobre cuándo iniciar, reducir o abandonar el tratamiento debe ser tomada junto con un médico y de manera individualizada.
¿Se puede utilizar semaglutida durante toda la vida?
De acuerdo con la explicación del especialista, la semaglutida puede formar parte de un tratamiento crónico y utilizarse a largo plazo en aquellos pacientes que lo necesitan.
No todos los casos son iguales. Las personas que presentan enfermedades asociadas como diabetes, hipertensión o colesterol elevado pueden requerir un tratamiento prolongado para mantener los resultados obtenidos.
La estrategia también puede contemplar una reducción de la dosis o la suspensión progresiva, dependiendo de la evolución de cada paciente.
El especialista explicó que el tejido adiposo puede sufrir procesos de inflamación y fibrosis, lo que dificulta la reducción de la masa grasa. En estos casos, determinados medicamentos pueden actuar sobre esos procesos y favorecer un descenso que anteriormente no se había conseguido con otras estrategias.
Por eso, la falta de nuevos resultados en la balanza no necesariamente significa que el paciente haya llegado a un punto definitivo, sino que puede requerir una evaluación médica para determinar cómo continuar el tratamiento.
Semaglutida: cuánto cuesta y si la cubren las obras sociales
El acceso económico al medicamento también fue uno de los temas analizados. Según explicó Gómez, la aparición de diferentes laboratorios que producen alternativas permitió ampliar el acceso y reducir los precios.
La competencia entre distintos fabricantes hizo que el costo de los tratamientos sea actualmente más accesible que hace algunos años.
En cuanto a la cobertura, el especialista señaló que depende de cada obra social o prepaga. Algunas autorizan el tratamiento con mayor facilidad, mientras que en otros casos es necesario realizar distintos trámites administrativos y presentar una historia clínica que justifique la indicación médica.
La semaglutida no reemplaza la alimentación ni la actividad física
Uno de los principales conceptos que dejó la entrevista es que la semaglutida no debe considerarse una solución mágica para adelgazar.
El tratamiento debe estar acompañado por cambios en los hábitos, una alimentación adecuada y actividad física. De hecho, Gómez destacó que dos factores son fundamentales para evitar la recuperación del peso: consumir una cantidad suficiente de proteínas y realizar ejercicios de fuerza para preservar la masa muscular.
El tratamiento también puede requerir acompañamiento psicológico. El especialista explicó que algunas personas presentan lo que se conoce como “food noise” o “ruido alimentario”, una rumiación persistente relacionada con la comida. En determinados pacientes, el medicamento puede disminuir esa sensación y facilitar la incorporación de pautas alimentarias indicadas por el profesional.
En otros casos, el descenso inicial de peso puede permitir que personas que tenían dificultades para movilizarse por dolores articulares puedan comenzar a realizar actividad física.
Cada tratamiento debe ser personalizado
El especialista remarcó que no existe una única estrategia que funcione de la misma manera para todas las personas.
El momento adecuado para comenzar el tratamiento, la dosis, la duración y la posibilidad de reducir o suspender la medicación deben determinarse de acuerdo con las características de cada paciente.
Por eso, ante el interés creciente por la semaglutida, la principal recomendación es no comenzar a utilizarla por cuenta propia. El tratamiento requiere evaluación médica, controles y un abordaje integral que incluya alimentación, actividad física y, cuando sea necesario, acompañamiento psicológico.
“Lo que le sirvió al de al lado no sí o sí te va a servir a vos”, resumió el especialista, al remarcar la importancia de individualizar cada tratamiento.