Francia atraviesa horas de extrema tensión social. En una jornada calificada como “histórica”, miles de estudiantes universitarios y de nivel secundario, acompañados por docentes, agricultores y bomberos, tomaron la emblemática Plaza de la Bastilla en París. Al grito de “los hijos de la patria somos nosotros” y bajo el lema de “Toma de la Bastilla 2”, la juventud desafió un gigantesco operativo de la policía.
Las calles de París volvieron a convertirse en el escenario de una rebelión social masiva. En una escala que supera a las históricas movilizaciones de los Chalecos Amarillos en 2018, miles de jóvenes paralizaron este jueves el centro de la capital francesa al confluir en el histórico sitio donde se inició la Revolución Francesa en 1789.
Decenas de manifestantes se encaramaron a la Columna de Julio, coronada por el Genio de la Libertad, agitando banderas francesas, pancartas y símbolos de las Juventudes Comunistas y de La Francia Insumisa (LFI), el partido de izquierda radical al que el Gobierno acusa directamente de “azuzar” el conflicto estudiantil.
Cierre de universidades y un reclamo que suma sectores
A diferencia de las jornadas anteriores, la movilización de este jueves contó con la incorporación masiva de los estudiantes universitarios. Importantes casas de altos estudios como La Sorbona, París Saclay y la Universidad Panteón Asas debieron cerrar sus puertas.
“Esto es histórico. Hace décadas que no había manifestaciones tan importantes. Están los bomberos, los agricultores… todo el mundo. Vamos a seguir en la calle hasta que nos escuchen”, declaró Arthur, uno de los jóvenes manifestantes en el lugar.
Entre los cánticos que resonaban en la plaza se destacaron pancartas con consignas como “Juventud, resiste, demuestra que existes”, “No somos una generación de vagos sino de luchadores” y la célebre frase “Los hijos de la patria somos nosotros”, parafraseando la estrofa del himno nacional, La Marsellesa.
Fuerte blindaje policial y temor a la represión
El Gobierno francés desplegó un gigantesco dispositivo de seguridad que cercó por completo los accesos a la Plaza de la Bastilla. Las autoridades ordenaron el cierre de todas las estaciones de metro linderas, habilitaron registros sistemáticos de mochilas y desplegaron numerosos contingentes de la policía antidisturbios.
La tensión y el temor a detenciones arbitrarias llevaron a que muchos adolescentes y profesores marcharan con teléfonos de abogados anotados directamente con fibra en sus brazos y piernas: “Esto nos da mucha esperanza. No me esperaba que los adolescentes de hoy tuvieran tanta conciencia política para reivindicar sus derechos”, expresó un docente de un instituto de Seine Saint Denis.