Hígado graso: ¿qué es y cómo revertir su avance?

Hígado graso: ¿qué es y cómo revertir su avance?

Considerada una de las afecciones metabólicas más frecuentes de la vida contemporánea, la acumulación de grasa en el tejido hepático avanza sin emitir señales de alerta tempranas, y aparece el hígado graso. Comprender sus detonantes y modificar los hábitos diarios son las herramientas definitivas para proteger el órgano central de la desintoxicación corporal.

El ritmo de la vida moderna ha traído consigo transformaciones profundas en la forma en que nos alimentamos, nos movemos y descansamos. Uno de los reflejos más claros de este cambio de era se manifiesta en el interior de nuestro organismo, específicamente en el hígado. Según explicó la hepatóloga Sofía Tejada, “la esteatosis hepática, popularmente conocida como hígado graso, se ha consolidado como una verdadera epidemia silenciosa. Se estima que una parte considerable de la población adulta convive con esta condición sin saberlo, ya que se trata de una patología que no suele presentar síntomas evidentes en sus etapas iniciales, siendo descubierta la mayoría de las veces a través de análisis de rutina o ecografías de control”.

¿Qué es exactamente y por qué aparece?

“El hígado es el gran laboratorio del cuerpo humano: procesa nutrientes, filtra toxinas y regula la energía. Es normal que este órgano contenga pequeñas cantidades de grasa, pero cuando ese almacenamiento supera el 5% o 10% del peso total del órgano, se ingresa en el cuadro de hígado graso. Existen dos tipos principales: el asociado al consumo de alcohol y la enfermedad por hígado graso no alcohólico (EHGNA), siendo esta última la que más ha crecido debido a los hábitos actuales”, describió la profesional.

Las causas detrás de su aparición están estrechamente vinculadas al síndrome metabólico. El exceso de calorías que el cuerpo no logra procesar se transforma en ácidos grasos que terminan depositándose en las células hepáticas. Entre los principales factores de riesgo se destacan:

  • Alimentación ultraprocesada: El consumo elevado de azúcares refinados, grasas trans y, de manera muy especial, el jarabe de maíz de alta fructosa (presente en gaseosas y productos de góndola), satura la capacidad metabólica del hígado.

  • Resistencia a la insulina y diabetes tipo 2: Cuando las células dejan de responder adecuadamente a la insulina, los niveles de glucosa y grasas en sangre se elevan, facilitando su depósito en el tejido hepático.

  • Sedentarismo: La falta de actividad física reduce la oxidación de grasas y altera el metabolismo energético general.

El abordaje terapéutico: El poder de los hábitos

Según la profesional “a diferencia de otras afecciones, el tratamiento principal para el hígado graso no se encuentra en las farmacias, sino en la modificación estructural del estilo de vida. No existe un medicamento único y milagroso aprobado exclusivamente para curar esta condición; la verdadera medicina radica en la adopción de pautas saludables que permitan al hígado liberar el exceso de carga y regenerar sus células”.

La pérdida de peso gradual y controlada (entre un 7% y un 10% del peso corporal) ha demostrado ser la estrategia más efectiva para reducir de manera drástica la grasa hepática y disminuir la inflamación interna.

Tips fundamentales para la protección hepática

  • Rediseñar el plato diario: Priorizar una alimentación de base real. Incrementar el consumo de verduras de hoja verde, crucíferas (como el brócoli), legumbres y granos enteros. Sustituir las grasas saturadas por grasas de alta calidad, como el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos y el palta.

  • Eliminar los enemigos ocultos: Reducir al mínimo el consumo de alcohol y eliminar por completo las bebidas azucaradas. Aprender a leer las etiquetas de los alimentos para evitar aquellos que contienen azúcares ocultos es un paso crítico.

  • Mover el cuerpo con regularidad: Combinar ejercicios de fuerza muscular con actividad cardiovascular (caminar a ritmo alegre, andar en bicicleta o nadar) al menos 150 minutos a la semana. El ejercicio ayuda a quemar los ácidos grasos depositados en el hígado incluso antes de que se evidencie una pérdida notable de peso.

  • Cuidar el descanso nocturno: El sueño de calidad es indispensable para los procesos de desintoxicación celular. Respetar los ritmos circadianos ayuda a regular las hormonas que controlan el hambre y el almacenamiento de energía.

“El hígado posee una capacidad de regeneración asombrosa. Diagnosticar a tiempo esta condición y tomar las riendas de nuestro bienestar a través de decisiones diarias conscientes es la clave definitiva para devolverle la salud a nuestro organismo y ganar calidad de vida a largo plazo”, la profesional estuvo en Cada Día, mirá la nota.

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