Detrás de esa afirmación se esconden traumas, aprendizajes de la infancia y actitudes rígidas que afectan la vida adulta. Psicólogos advierten que la falta de flexibilidad emocional puede deteriorar relaciones y limitar el crecimiento personal.
En la vida cotidiana, la expresión “yo soy así” aparece como una sentencia que clausura cualquier posibilidad de transformación. Según el psicólogo Marcelo Ceberio, este modo de definirse funciona como un freno a la flexibilidad emocional, una de las principales capacidades humanas. “Cuando uno dice yo soy así, es imposible generar una posibilidad de ser lo suficientemente flexible como para generar un cambio”, explicó en diálogo con Cada Día.
La identidad, sostiene Ceberio, no es un rasgo fijo ni exclusivamente genético. Se construye en interacción con los demás y se moldea a partir de experiencias de vida, algunas de ellas traumáticas. “Muchas veces lo que creemos que es un rasgo de personalidad es el resultado de alguna experiencia de vida traumática”, señaló. Así, actitudes como la excesiva autonomía, la necesidad de control o la dificultad para pedir ayuda pueden tener raíces en situaciones de rechazo, abandono o desvalorización vividas en la infancia.
El especialista advierte que la rigidez del “soy así” afecta directamente los vínculos. Personas que evitan discutir, que recurren siempre al humor para esquivar la angustia o que se muestran perfeccionistas pueden terminar desconectándose de las necesidades emocionales de quienes los rodean. “Los que dicen yo soy así son poco empáticos, porque ponen al otro en la obligación de amoldarse”, subrayó.
La pregunta clave, según Ceberio, no es afirmar “soy así”, sino reflexionar: “¿cuándo aprendí a ser así ?”. Muchas conductas que en algún momento fueron mecanismos de defensa pueden transformarse en obstáculos en la adultez. El círculo cercano, advierte, “se empobrece cuando alguien se parapeta en esa rigidez, porque los demás dejan de bancar esas actitudes”.
Los traumas de la infancia también juegan un papel central. Hijos que crecieron invisibilizados frente a un hermano enfermo, por ejemplo, pueden desarrollar una fuerte autonomía pero también heridas de abandono. En otros casos, la omnipotencia —asumir múltiples responsabilidades sin pedir ayuda— se convierte en un patrón que genera relaciones unidireccionales y soledad.
La salida, afirma el especialista está en la psicoterapia. Allí es posible revisar esas heridas, reconocerlas y trabajar en nuevas formas de relacionarse. “La terapia dejó de ser para los locos: hoy es un indicador de salud”, remarcó.
En Argentina, donde la psicología ocupa un lugar destacado en la vida cotidiana, cada vez más personas se animan a repensarse y a romper con estereotipos que limitan su bienestar.
Reviví la nota completa del equipo de Cada Día con el psicolgo Marcelo Ceberio aquí: