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Fascinante Historia

¿Por qué el sultán Suleimán fue tan grande?

La novela éxito de Canal 9 nos permite conocer, noche a noche, a este personaje tan admirable como polémico.

En el año 1520 y a los 26 años, tras la muerte de su padre Selim I, Solimán, Suleimán como se lo conoce en la novela que tiene cautivado a los mendocinos, se convirtió en sultán de los otomanos.

Al tercer día de la ceremonia de su coronación se dirigió a su pueblo ataviado con un vestido de oro, adornado con perlas y diamantes, luciendo en la cabeza un altísimo turbante decorado con una corona de piedras preciosas y con varios penachos compuestos de plumas de garza real, que simbolizaban las diversas partes del mundo sometidas al sultán

De estatura superior a la media, Suleimán era de tez morena, con una frente amplia y ojos negros un poco saltones, cejas prominentes, nariz aguileña, labios finos y poblado bigote. Con su porte altivo y reservado y su inteligencia vivaz y reflexiva, Suleimán era un hombre más proclive a la meditación y al juicio que a las decisiones repentina.

Suleimán vivió una juventud tranquila, pero marcada por el rigor de su severo padre, que lo preparó para su deber futuro. En los palacios de Estambul, aprendió tanto el uso de las armas como el conocimiento de las letras. Se educó en compañía de los pajes de origen cristiano que algún día se convertirían en sus visires, sus pachás, sus generales y gobernadores. Como respuesta a la crueldad que caracterizó a su padre, Selim I el Inflexible, Suleimán reforzó su amor a la justicia y la paz, y también su gran necesidad del afecto de su familia y amigos, por lo que amó intensamente a Mustafá, su hijo primogénito, a Ibrahim, su amigo de siempre, su brazo derecho y uno de sus grandes visires, y a Roxelana, también conocida como Hürrem, la favorita de su harén, que se convirtió en su esposa. Su sentimiento por ellos era ciego.

Su debilidad por Hürrem lo llevó a cometer actos de venganza que empañaron su memoria. Tales fueron los casos de su visir Ibrahim, al que finalmente ordenó ejecutar entre rumores de que conspiraba con los cristianos, y de su hijo mayor, Mustafá. 

Hürrem y el gran visir Rustem desvelaron los supuestos tratos de Mustafá con el sha de Persia, justo cuando Solimán le había declarado la guerra, por lo que el sultán lo llamó a la corte y ordenó a los Mudos, los verdugos encargados de tales menesteres, que lo asesinaran en su tienda.

Aclamado como Príncipe y Señor de la Feliz Constelación, César Majestuoso, Sello de la Victoria, Sombra del Omnipotente, Suleimán aparecía en las ceremonias públicas como una figura de gran esplendor. Fue así como en 1530, tras 18 días de celebraciones por la fiesta de la circuncisión de sus tres hijos, se empezó a hablar de un emperador con un poder formidable y una incalculable riqueza, y toda Europa se hizo eco del nombre de quien parecía merecer en verdad el título de "Magnífico".

En la historia otomana, en cambio, Suleimán fue recordado como Kanuni, El Legislador. El sultán, en efecto, desarrolló una considerable actividad legislativa y reformadora con el propósito de mantener el orden y asegurar el progreso de su vasto imperio. Pese a ser un musulmán piadoso, no fue nunca intransigente en materia religiosa, y el conjunto de sus leyes suponía una aplicación moderada del código del Corán.

Eliminó el vino, puesto que era abstemio, pero no el café, introducido en Estambul en 1554. Puso todo su empeño en regir un Estado fuertemente centralizado, el único imperio internacional que existía en el siglo XVI; de hecho, fue bajo su gobierno cuando la Sublime Puerta, como también se llamaba al Imperio otomano, estableció por primera vez relaciones diplomáticas regulares con Estados extranjeros. Impulsó importantes reformas, como la del sistema feudal con el que se gobernaba el Imperio, logró que súbditos de veinte pueblos distintos viviesen en armonía, fundó escuelas y concedió bienes a los ulemas, los doctores de la ley.

Reformó la administración civil y militar, insistiendo mucho en el deber de la imparcialidad con respecto a todas las clases sociales. No dudaba en destituir y condenar a muerte a los funcionarios corruptos y se ganó el favor popular por los leves impuestos que estableció.

Suleimán fue también un destacado mecenas. Tras la conquista otomana de 1453, Constantinopla no había dejado de ser un gran centro cultural, cosmopolita y abierto al mundo. Muchos artistas gozaron del favor del sultán. Durante su reinado se produjo un gran florecimiento en el campo del arte y se establecieron las bases de una literatura nacional. A las importantes y soberbias obras de Sinan, el más insigne arquitecto turco del momento, el sultán añadió la restauración de acueductos, vías de comunicación y otras obras públicas. En todo su imperio no hubo ninguna gran ciudad que no embelleciera de forma más o menos notable. Gracias a su impulso, el esplendor y el prestigio de su imperio sobrevivieron muchos años.

La novela que retrata la vida de este fascinante personaje, y que se emite todas las noches a las 23 por Canal 9 Televida, está llegando a su fin y no queremos contarte mucho más para que vos descubras cómo va a terminar. No podés perderte detalle de estos momentos claves en la historia. 

Sólo vamos a adelantarte que la muerte de Hürrem está muy cerca...

El Sultán, de lunes a viernes a las 23 por Canal 9 Televida.

 

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