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Enojo: ¿Qué cubrís bajo esa frazada?

Si bien forma parte del abanico de emociones humanas, vale la pena preguntarse qué hay en lo profundo, qué sucede si lo transformas en hábito, y cómo tus expectativas respecto al otro, pueden ser tus enemigas.

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Redacción ElNueve.com
17 de mayo de 2021 | 15:59

“No lo/a soporto”, “Me saltó la térmica”, “No puedo manejar lo que siento”… ¿Te suena?.

¿Solés explotar antes de pensar y terminás, quizá, arrepintiéndote de lo que dijiste o hiciste en ese momento?.

Si es así, sólo podemos decirte que “el enojo” es natural a todos desde que el mundo es mundo, e incluso que puede llegar a ser positivo. Eso sí, si lo hacés crónico existe algo por debajo de esta emoción para replantearte.

Las dos caras del enojo

“Generalmente nos enojamos cuando algo nos frustra, es decir, cuando algo no sale de la manera que esperábamos o que habíamos planificado. Entonces, la emoción del enojo nos indica que es necesario cambiar de acción”, explica la neuropsicóloga Cecilia Ortiz.

Pero entonces, el enojo puede ser positivo?. “Siempre es positivo, porque nos invita a hacerle frente a un conflicto, a marcar límites con respecto a los demás y a redefinir pactos o pautas de relaciones con los otros. El tema es la expresión del enojo. Ahí sí, podemos hablar de expresiones positivas o negativas”, resalta la profesional.

¿Qué caracteriza a cada una?

“Son negativas cuando no manifestamos nuestro enojo y nos lo guardamos. Entonces nos recargamos de los efectos de esa emoción y, si esto es recurrente, en algún momento podremos ‘explotar’ y tener conductas poco eficaces o agresivas.

Es negativo también cuando manifestamos nuestro enojo agresivamente, es decir, insultamos, gritamos, culpamos a los demás de nuestra emoción. Ese tipo de conductas pueden conducirnos a deteriorar nuestros vínculos.

Por su lado, las emociones positivas viene de ser asertivos, es decir, manifestar lo que sentimos de manera adecuada, en el momento justo, y de tal forma de no herir a los demás. En este sentido, a veces conviene ‘esperar el momento adecuado’ para hablar, y  para lograr calmarnos”.

"Peligro acumulación"

Si nos acostumbramos a guardar en el bolsillo enojos de antaño, para sacar a relucir en cada confrontación, este hecho sólo habla a las claras de que la explosión es inminente ante el mínimo detalle que pueda surgir, con determinadas personas o situaciones.

“¡No puedo creer que te enojes por eso!”, te dicen cuando de repente y al parecer por algo mínimo, aparece un enojo desmesurado que nadie entiende. Y es allí cuando en realidad se pone de manifiesto la acumulación.

Según fundamenta Ortiz “es muy importante no guardar los enojos, porque esa energía se va acumulando y ahí es cuando, de la nada, ‘explotamos’. Es importante que aprendamos a expresar lo que sentimos, siempre respetando al otro y marcando qué es lo que nos enoja: qué actitudes y cuándo nos sucede, y qué creemos que sería bueno modificar para que eso no vuelva a suceder. Siempre en el marco de respeto y sin agredir a la otra persona. Por otro lado, si lo que nos enoja son nuestras expectativas, tendremos que trabajar para detectarlas y corregirlas, eventualmente”.

¿Es lo mismo enojo que ira?

“La diferencia entre enojo e ira es en cantidad. El enojo implica descarga menos explosiva y puede aplacarse rápidamente. La ira es más explosiva, duradera y, por lo tanto, más dañina que el enojo”.

¿La culpa, siempre es del otro?

Como explica la neuropsicóloga“cuando tenemos expectativas acerca de las conductas de la otra persona, es decir, esperamos que haga tal o cual cosa, siempre podemos llegar a frustramos, porque los demás nunca van a hacer lo que esperamos, y eso nos enoja. Siempre digo que tenemos que reemplazar el ‘espero’ por el ‘acepto’, eso nos predispone a enojarnos menos, porque entendemos que el otro no debe cumplir con nuestras expectativas.

¿A veces, el enojo hacia el otro puede esconder rabia hacia nosotros mismos?

“Siempre es más fácil ‘culpar’ a los demás de nuestras emociones, porque nos evita a tener que evaluarnos y poner en juicio nuestras actitudes y pensamientos. Cuando nos enojamos con los demás por nuestras expectativas es probable que, en el fondo, sea un enojo con nosotros mismos por ponernos en el lugar de la queja, que nos lleva a seguir enquistados en el ‘no cambio’. Por eso es importante que indaguemos a nuestro enojo, qué nos quiere decir y qué información oculta, para que podamos resolverlo de manera adecuada".

¿Cómo lo logro?

“Es importante, en primer lugar, identificar qué nos hace enojar, qué me digo cuando me enojo, por ejemplo: ‘estoy enojada con mi hija porque es desobediente’ o ‘estoy enojada con mi hija porque espero que haga algo y no lo hace’. Es fundamental reconocer el o los pensamientos que se esconden detrás de la emoción, para detectar si son irracionales y poder modificarlos. Este trabajo a veces no es fácil y, entonces necesitaremos ayuda de un especialista para hacerlo.

Cuando estés transitando un enojo, pregúntate: ¿qué estoy pensando? ¿Qué se me pasa por la cabeza? Esa idea que se está escondiendo ahí te va a ayudar a detectar los motivos de la emoción. Fijate si la misma tiene justificación en la realidad, o no. Si no la tiene, entonces tu enojo no es hábil y tendrás que revisar esa creencia.

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